Espero que me perdonéis esta prolongada ausencia; pero espero también que me creáis si os digo que os he llevado en todo momento en mi corazón. Trataré de charlar con vosotr@s y contestar a vuestras intervenciones separadamente, pero tendréis que darme un poquito de tiempo para ello...
Leer más...
miércoles, 24 de diciembre de 2008
SE CUMPLEN AÑOS DE ALGO MUY ESPECIAL
Es hoy un día para felicitar y para felicitarnos. Pero lo importante no es preguntarnos sobre cómo o con quién celebraremos la Navidad, sino sobre qué sentido podemos encontrar en aquella celdebración...
Sabemos que hoy celebramos el aniversario del nacimiento del Hijo de Dios: que Dios mismo se nos desvelara, para manifestarnos nuestro destino y su voluntad.
Su Luz brilló en un Portal: una Luz que hoy también vemos brillar en algunos corazones...
A mí me gustaría que nuestros corazones también fueran capaces de contenerla e irradiarla, de manera que entre tod@s y desde nuestros hogares, supiéramos hacer de nuestra convivencia una FELIZ NAVIDAD...
Para vosotr@s y para mí lo desea, con infinito cariño...
... Dorota...
Leer más...
Sabemos que hoy celebramos el aniversario del nacimiento del Hijo de Dios: que Dios mismo se nos desvelara, para manifestarnos nuestro destino y su voluntad.
Su Luz brilló en un Portal: una Luz que hoy también vemos brillar en algunos corazones...
A mí me gustaría que nuestros corazones también fueran capaces de contenerla e irradiarla, de manera que entre tod@s y desde nuestros hogares, supiéramos hacer de nuestra convivencia una FELIZ NAVIDAD...
Para vosotr@s y para mí lo desea, con infinito cariño...
... Dorota...
Leer más...
Etiquetas:
diálogo entre amigos
sábado, 13 de diciembre de 2008
LA EMPECINADA
¿Sabéis cuando se duda hasta del significado de las palabras, y aún así no se tiene la más mínima duda del significado y de la actuación de la Palabra de Dios?. Bueno, pues éso me pasa a mí...
Tendría que contaros una truculenta historia de sinsabores para que me comprendierais, pero ciertamente no es eso lo que pretendo.
Lo que pretendo es advertiros, porque son situaciones como ésta que yo estoy pasando las que en ocasiones nos llevan a perder la confianza en el pleno cumplimiento en nosotros y en nuestro entorno de la Palabra de Dios.
Decíamos en el artículo anterior, que en éste hablaríamos de la festividad de la Inmaculada y del tiempo de Adviento. La figura de la Toda Pulcra nos la encontramos más o menos al comienzo: una persona -apenas una niña, que diría Joaquim- que acogiendo la Palabra de Dios en su seno, pudo dárnosla a compartir.
Pienso que la celebración no podía estar mejor colocada, porque el Adviento es un tiempo de esperanza, o -dicho de otro modo- de confianza, de fiarnos “de”, “con” y “en” el cumplimiento de la Palabra de Dios.
Como María, nosotr@s nos preparamos también para acoger esa misma Palabra y poder compartirla. Pero si me lo permitís, yo quería ahora centrarme un poquito más en lo que significa eso de “fiarse de, con y en” el cumplimiento de la Palabra de Dios...
Veréis:
Jesús de Nazaret, ese niñito hijo en el Hijo, es quien hace posible con su encarnación, que nosotr@s seamos capaces de, “fiándonos con Él” -es decir, haciéndonos con Él hijos en el Hijo- y “fiándonos de Él” -es decir, iluminados por su mensaje y confiados en su Palabra-, llegar a compartir y a asimilar por su medio el conocimiento de Dios.
Lo que sucede es que, aún a sabiendas de que ésto es así, nuestros deseos turban nuestra inteligencia, y luchamos hasta la extenuación por hacernos uno, o por hacer nuestr@ quizá, algo que realmente no tiene por qué ser el cumplimiento en nosotr@s de la Palabra de Dios y ésto nos conturba.
Y -según el grado de frustración que experimentemos respecto a lo que teníamos previsto- nos llegamos a frustrar y hasta a agotar, porque era la nuestra una esperanza sin esperanza, es decir, un anhelo no fundado en el cumplimiento en nuestra vida de la Voluntad de Nuestro Padre Dios (que no es otra cosa que lo que supone el cumplimiento de su Palabra, puesto que el Hijo, la Palabra, no es otra cosa que la realidad para nosotros del Amor de Dios).
Entonces es el momento de decir “amén”, querid@s amig@s.
De comprender cuán grandes son los dones que nuestro cansancio no nos permite ver, y de abrir los ojos de nuestra inteligencia a un panorama tal vez distinto, tal vez no deseado, pero que sin duda expande nuestra esperanza una vez depositada “fiándonos en” Aquel para quien nada es imposible, y que, amándonos hasta la locura, nos llama a andar sobre las aguas en pos de su Palabra...
Leer más...
Tendría que contaros una truculenta historia de sinsabores para que me comprendierais, pero ciertamente no es eso lo que pretendo.
Lo que pretendo es advertiros, porque son situaciones como ésta que yo estoy pasando las que en ocasiones nos llevan a perder la confianza en el pleno cumplimiento en nosotros y en nuestro entorno de la Palabra de Dios.
Decíamos en el artículo anterior, que en éste hablaríamos de la festividad de la Inmaculada y del tiempo de Adviento. La figura de la Toda Pulcra nos la encontramos más o menos al comienzo: una persona -apenas una niña, que diría Joaquim- que acogiendo la Palabra de Dios en su seno, pudo dárnosla a compartir.
Pienso que la celebración no podía estar mejor colocada, porque el Adviento es un tiempo de esperanza, o -dicho de otro modo- de confianza, de fiarnos “de”, “con” y “en” el cumplimiento de la Palabra de Dios.
Como María, nosotr@s nos preparamos también para acoger esa misma Palabra y poder compartirla. Pero si me lo permitís, yo quería ahora centrarme un poquito más en lo que significa eso de “fiarse de, con y en” el cumplimiento de la Palabra de Dios...
Veréis:
Jesús de Nazaret, ese niñito hijo en el Hijo, es quien hace posible con su encarnación, que nosotr@s seamos capaces de, “fiándonos con Él” -es decir, haciéndonos con Él hijos en el Hijo- y “fiándonos de Él” -es decir, iluminados por su mensaje y confiados en su Palabra-, llegar a compartir y a asimilar por su medio el conocimiento de Dios.
Lo que sucede es que, aún a sabiendas de que ésto es así, nuestros deseos turban nuestra inteligencia, y luchamos hasta la extenuación por hacernos uno, o por hacer nuestr@ quizá, algo que realmente no tiene por qué ser el cumplimiento en nosotr@s de la Palabra de Dios y ésto nos conturba.
Y -según el grado de frustración que experimentemos respecto a lo que teníamos previsto- nos llegamos a frustrar y hasta a agotar, porque era la nuestra una esperanza sin esperanza, es decir, un anhelo no fundado en el cumplimiento en nuestra vida de la Voluntad de Nuestro Padre Dios (que no es otra cosa que lo que supone el cumplimiento de su Palabra, puesto que el Hijo, la Palabra, no es otra cosa que la realidad para nosotros del Amor de Dios).
Entonces es el momento de decir “amén”, querid@s amig@s.
De comprender cuán grandes son los dones que nuestro cansancio no nos permite ver, y de abrir los ojos de nuestra inteligencia a un panorama tal vez distinto, tal vez no deseado, pero que sin duda expande nuestra esperanza una vez depositada “fiándonos en” Aquel para quien nada es imposible, y que, amándonos hasta la locura, nos llama a andar sobre las aguas en pos de su Palabra...
Leer más...
Etiquetas:
artículos de opinión
martes, 9 de diciembre de 2008
FRONTERA ENTRE CIENCIA Y RELIGIÓN
Pese a haberlo intentado, parece que mis tiempos no se corresponden exactamente con lo que me había planteado. Las cosas así, estamos ya en la tercera semana de adviento, una semana que ha comenzado con la festividad de la Inmaculada Concepción. Pues bien. Porque las cosas siguen siendo “así”, y mientras continúo trabajando en contestaros y preparando al mismo tiempo una pequeña reflexión sobre ambas realidades -adviento y festividad- os incluyo hoy una interesante entrevista con un jesuita-astrónomo que no dudo merecerá toda vuestra atención.
El año 2009 ha sido declarado por la UNESCO como “Año Internacional de la Astronomía”, en conmemoración del 400 aniversario de las primeras observaciones de Galileo Galilei.
El Observatorio Astronómico Vaticano, más conocido como Specola Vaticana participará también en estas celebraciones. Por el momento, está previsto un Congreso Internacional de relectura histórico-filosófica y teológica sobre el “Caso Galilei”, una “Study Week on Astrobiology” organizada por la Academia Pontificia de las Ciencias, así como una exposición sobre el patrimonio astronómico italiano y vaticano, organizada en colaboración con el Instituto italiano de Astrofísica.
La Specola Vaticana, uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo, fue fundado por el papa Gregorio XIII en 1578 y desde el principio trabajaron en él astrónomos y matemáticos jesuitas, aunque posteriormente han participado otras órdenes religiosas. Actualmente, la sede está en la residencia papal de Castel Gandolfo.
En 1981, la Specola fundó un segundo centro de investigación, el “Vatican Observatory Research Group” (VORG), en Tucson (Arizona, EE.UU.), en colaboración con la universidad local. En los programas divulgativos de la “Specola” participan astrónomos de todo el mundo.
En 1993 ambas instituciones construyeron el Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT), en el Monte Graham (Arizona), y en los próximos años el proyecto se completará con la construcción de los telescopios más grandes y sofisticados del mundo, que permitirán llevar adelante una serie de investigaciones astronómicas punteras.
Con este motivo, el director de la Specola, el astrónomo y sacerdote jesuita argentino José Funes, concedió una entrevista a Zenit en la que explica que el diálogo entre la fe y la ciencia “tiene lugar esencialmente en la vida del propio científico”.
-La UNESCO ha declarado el 2009 como Año de la Astronomía, en recuerdo de Ga lileo Galilei. Ante los enormes logros en los últimos años de la ciencia en biología, medicina o física, ¿en qué ha avanzado la astronomía?
José Funes: Ciertamente, la astronomía, desde las primeras observaciones de Galileo, ha conocido un desarrollo tremendo. Galileo, con su pequeño telescopio, ya pudo observar los cráteres de la luna, algunas estrellas de la Vía Láctea, los satélites de Júpiter y las fases de Venus.
Hemos avanzado mucho desde entonces. Basta citar algunos de los descubrimientos más recientes: actualmente, con los modernos telescopios como el Hubble, podemos observar las galaxias más lejanas, a unos 2.000 millones de años luz. Dado que la velocidad de la luz es limitada, lo que en realidad estamos observando es el pasado del universo en estas galaxias, cómo se formaron y desarrollaron.
Esta es una de las fronteras de la astronomía actual. Otra frontera es el estudio de la formación de estrellas y planetas. Sabemos en la actualidad que existen cerca de trescientas estrellas con sistemas planetarios orbitando alrededor. El desafío en este campo es la búsqueda de planetas extrasolares similares a la tierra, porque eso implicaría la posible existencia de vida extraterrestre. Hasta ahora no se ha encontrado.
-¿Es el universo, para los astrónomos en general, "un cosmos" y un libro en el que se puede descubrir a su autor, como dijo recientemente Benedicto XVI a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, o más bien entre los científicos se concede crédito a la teoría del "caos"?
José Funes: No, el universo es un cosmos. Hay una cierta racionalidad en el Universo, y esto es lo que los científicos buscan, encontrar esas leyes del universo físico que permitan una explicación de lo que observamos. Esa premisa de que existe una cierta “racionalidad” es compartida por la mayor parte de los astrónomos.
En cualquier caso, esta consideración es propia de los filósofos más que de los científicos. La reflexión sobre el origen de esta racionalidad se sale del campo de la astronomía, aunque haya astrónomos que tengan intereses filosóficos. Pero son campos distintos.
-De alguna manera, el estudio de la evolución del universo forma parte de la “teoría de la evolución” que se aplica también a las especies, en el sentido de entender que en lugar de haber sido creado en un momento concreto y definitivo, la materia ha ido evolucionando hasta su estado actual. En cuanto al universo, se estableció hace décadas como más probable la teoría del “Big Bang”, de la “gran explosión” original. Esa teoría ¿sigue siendo aceptada mayoritariamente? ¿Contradice a la fe?
José Funes: No, no la contradice en absoluto. Hablando como astrónomo, puedo decir que la evolución del Universo es un hecho probado. Aunque hay muchas cosas que aún no comprendemos, es notable que podamos reproducir la historia del Universo hasta cuando éste tenía 10-43 segundos de vida, es decir, en el instante después de haberse creado la materia.
Desde ese momento hasta el presente, podemos explicar cómo se han formado las galaxias, las estrellas y planetas, aunque no sabemos todo y aún quede mucho por investigar Esto muestra también el grado de avance al que ha llegado la humanidad en su comprensión del Universo.
Por tanto, la teoría del “Big Bang” siguen siendo el marco adecuado para entender lo que observ amos, y esta teoría no está en contradicción con los relatos que conocemos de la creación, tanto lo que la Biblia dice como la reflexión teológica que la Iglesia ha hecho posteriormente. La intención del autor sagrado no es dar una explicación científica del origen del Universo, sino religiosa.
-El caso Galileo ha sido puesto siempre como ejemplo de intransigencia de la Iglesia y de incompatibilidad entre ciencia y fe. Hoy, después de cuatro siglos, ese caso ¿sigue siendo paradigmático de esa confrontación o habría que revisarlo?
José Funes: Yo diría que es imposible cerrar el caso en un sentido o en otro, de forma que satisfaga completamente a los distintos autores que han estudiado el caso. Verdaderamente creo que es dificilísimo encontrar una solución que contente a todos.
Habiendo dicho esto, creo que la Iglesia ha tratado de hacerlo lo mejor que podía. El Papa Juan Pablo II formó una Comisión para estudiar con sinceridad los textos y los datos de lo que ocurrió. Las conclusiones se presentaron al Papa en 1998 , este concluyó con mucho acierto que había habido dos problemas en el caso Galileo, un problema de interpretación bíblica y un problema pastoral.
Sobre la primera cuestión, se admite que los descubrimientos de Galileo nos ayudan a entender mejor el texto bíblico, cosa que como dice el Papa, los teólogos de su tiempo no supieron comprender.
Respecto al aspecto pastoral, sí es paradigmático, sobre todo de cara al futuro. La Iglesia se encontró frente a una situación nueva, culturalmente hablando, que le imponía revisar su propio modo de leer la Biblia.
Lo que dijo al respecto Juan Pablo II me pareció muy interesante, pues dio una “regla de oro ” pastoral: por un lado, un pastor debe ser prudente ante las novedades, y por otra, debe tener cierta audacia a la hora de enfrentar problemas nuevos y darles respuesta desde la fe. Porque la tradición teológica es lo suficientemente rica para poder dar respuestas nuevas a situaciones nuevas..
-Por último, ¿qué puede aportar la astronomía al diálogo entre la ciencia y la fe? Y, concretamente, ¿por qué la Iglesia mantiene un observatorio astronómico?
José Funes: La “Specola vaticana” tiene una función importante en el diálogo entre ciencia y fe. Creo que en estos momentos hay una frontera entre la ciencia y la religión, y en esa frontera, la Iglesia debe estar presente.
El gran desafío para los creyentes es saber integrar lo que sabemos del mundo científico con los conocimientos que nos vienen de la fe. Y nuestro papel es éste, tenemos que ayudar al pueblo cristiano a dar una respuesta madura e inteligente que permita integrar ambos conocimientos.
El segundo gran papel que nos toca es el de puente entre la Iglesia y el mundo científico: por un lado, mostrar a los astrónomos lo que la Iglesia piensa, y al mismo tiempo, informar a ésta de los últimos descubrimientos astronómicos. La astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, lo que somos, en este pequeño planeta, en este universo inmenso.
Para mí, científico y creyente, no existe contradicción entre la fe y la ciencia. Más que hacer muchos discursos o escribir muchas cosas, mi propia vida y la de mis colaboradores testifica que este diálogo es posible.
El hecho de que nosotros publiquemos trabajos científicos en revistas especializadas y que nuestro trabajo se someta al juicio de nuest ros mismos colegas, como cualquier científico, en congresos, conferencias, revistas, etc. significa que somos capaces de hacer ciencia, como el resto de astrónomos. Y por otro lado, somos hombres de fe que seguimos al Santo Padre. Nuestra vida es el mejor argumento.
Leer más...
El año 2009 ha sido declarado por la UNESCO como “Año Internacional de la Astronomía”, en conmemoración del 400 aniversario de las primeras observaciones de Galileo Galilei.
El Observatorio Astronómico Vaticano, más conocido como Specola Vaticana participará también en estas celebraciones. Por el momento, está previsto un Congreso Internacional de relectura histórico-filosófica y teológica sobre el “Caso Galilei”, una “Study Week on Astrobiology” organizada por la Academia Pontificia de las Ciencias, así como una exposición sobre el patrimonio astronómico italiano y vaticano, organizada en colaboración con el Instituto italiano de Astrofísica.
La Specola Vaticana, uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo, fue fundado por el papa Gregorio XIII en 1578 y desde el principio trabajaron en él astrónomos y matemáticos jesuitas, aunque posteriormente han participado otras órdenes religiosas. Actualmente, la sede está en la residencia papal de Castel Gandolfo.
En 1981, la Specola fundó un segundo centro de investigación, el “Vatican Observatory Research Group” (VORG), en Tucson (Arizona, EE.UU.), en colaboración con la universidad local. En los programas divulgativos de la “Specola” participan astrónomos de todo el mundo.
En 1993 ambas instituciones construyeron el Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT), en el Monte Graham (Arizona), y en los próximos años el proyecto se completará con la construcción de los telescopios más grandes y sofisticados del mundo, que permitirán llevar adelante una serie de investigaciones astronómicas punteras.
Con este motivo, el director de la Specola, el astrónomo y sacerdote jesuita argentino José Funes, concedió una entrevista a Zenit en la que explica que el diálogo entre la fe y la ciencia “tiene lugar esencialmente en la vida del propio científico”.
-La UNESCO ha declarado el 2009 como Año de la Astronomía, en recuerdo de Ga lileo Galilei. Ante los enormes logros en los últimos años de la ciencia en biología, medicina o física, ¿en qué ha avanzado la astronomía?
José Funes: Ciertamente, la astronomía, desde las primeras observaciones de Galileo, ha conocido un desarrollo tremendo. Galileo, con su pequeño telescopio, ya pudo observar los cráteres de la luna, algunas estrellas de la Vía Láctea, los satélites de Júpiter y las fases de Venus.
Hemos avanzado mucho desde entonces. Basta citar algunos de los descubrimientos más recientes: actualmente, con los modernos telescopios como el Hubble, podemos observar las galaxias más lejanas, a unos 2.000 millones de años luz. Dado que la velocidad de la luz es limitada, lo que en realidad estamos observando es el pasado del universo en estas galaxias, cómo se formaron y desarrollaron.
Esta es una de las fronteras de la astronomía actual. Otra frontera es el estudio de la formación de estrellas y planetas. Sabemos en la actualidad que existen cerca de trescientas estrellas con sistemas planetarios orbitando alrededor. El desafío en este campo es la búsqueda de planetas extrasolares similares a la tierra, porque eso implicaría la posible existencia de vida extraterrestre. Hasta ahora no se ha encontrado.
-¿Es el universo, para los astrónomos en general, "un cosmos" y un libro en el que se puede descubrir a su autor, como dijo recientemente Benedicto XVI a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, o más bien entre los científicos se concede crédito a la teoría del "caos"?
José Funes: No, el universo es un cosmos. Hay una cierta racionalidad en el Universo, y esto es lo que los científicos buscan, encontrar esas leyes del universo físico que permitan una explicación de lo que observamos. Esa premisa de que existe una cierta “racionalidad” es compartida por la mayor parte de los astrónomos.
En cualquier caso, esta consideración es propia de los filósofos más que de los científicos. La reflexión sobre el origen de esta racionalidad se sale del campo de la astronomía, aunque haya astrónomos que tengan intereses filosóficos. Pero son campos distintos.
-De alguna manera, el estudio de la evolución del universo forma parte de la “teoría de la evolución” que se aplica también a las especies, en el sentido de entender que en lugar de haber sido creado en un momento concreto y definitivo, la materia ha ido evolucionando hasta su estado actual. En cuanto al universo, se estableció hace décadas como más probable la teoría del “Big Bang”, de la “gran explosión” original. Esa teoría ¿sigue siendo aceptada mayoritariamente? ¿Contradice a la fe?
José Funes: No, no la contradice en absoluto. Hablando como astrónomo, puedo decir que la evolución del Universo es un hecho probado. Aunque hay muchas cosas que aún no comprendemos, es notable que podamos reproducir la historia del Universo hasta cuando éste tenía 10-43 segundos de vida, es decir, en el instante después de haberse creado la materia.
Desde ese momento hasta el presente, podemos explicar cómo se han formado las galaxias, las estrellas y planetas, aunque no sabemos todo y aún quede mucho por investigar Esto muestra también el grado de avance al que ha llegado la humanidad en su comprensión del Universo.
Por tanto, la teoría del “Big Bang” siguen siendo el marco adecuado para entender lo que observ amos, y esta teoría no está en contradicción con los relatos que conocemos de la creación, tanto lo que la Biblia dice como la reflexión teológica que la Iglesia ha hecho posteriormente. La intención del autor sagrado no es dar una explicación científica del origen del Universo, sino religiosa.
-El caso Galileo ha sido puesto siempre como ejemplo de intransigencia de la Iglesia y de incompatibilidad entre ciencia y fe. Hoy, después de cuatro siglos, ese caso ¿sigue siendo paradigmático de esa confrontación o habría que revisarlo?
José Funes: Yo diría que es imposible cerrar el caso en un sentido o en otro, de forma que satisfaga completamente a los distintos autores que han estudiado el caso. Verdaderamente creo que es dificilísimo encontrar una solución que contente a todos.
Habiendo dicho esto, creo que la Iglesia ha tratado de hacerlo lo mejor que podía. El Papa Juan Pablo II formó una Comisión para estudiar con sinceridad los textos y los datos de lo que ocurrió. Las conclusiones se presentaron al Papa en 1998 , este concluyó con mucho acierto que había habido dos problemas en el caso Galileo, un problema de interpretación bíblica y un problema pastoral.
Sobre la primera cuestión, se admite que los descubrimientos de Galileo nos ayudan a entender mejor el texto bíblico, cosa que como dice el Papa, los teólogos de su tiempo no supieron comprender.
Respecto al aspecto pastoral, sí es paradigmático, sobre todo de cara al futuro. La Iglesia se encontró frente a una situación nueva, culturalmente hablando, que le imponía revisar su propio modo de leer la Biblia.
Lo que dijo al respecto Juan Pablo II me pareció muy interesante, pues dio una “regla de oro ” pastoral: por un lado, un pastor debe ser prudente ante las novedades, y por otra, debe tener cierta audacia a la hora de enfrentar problemas nuevos y darles respuesta desde la fe. Porque la tradición teológica es lo suficientemente rica para poder dar respuestas nuevas a situaciones nuevas..
-Por último, ¿qué puede aportar la astronomía al diálogo entre la ciencia y la fe? Y, concretamente, ¿por qué la Iglesia mantiene un observatorio astronómico?
José Funes: La “Specola vaticana” tiene una función importante en el diálogo entre ciencia y fe. Creo que en estos momentos hay una frontera entre la ciencia y la religión, y en esa frontera, la Iglesia debe estar presente.
El gran desafío para los creyentes es saber integrar lo que sabemos del mundo científico con los conocimientos que nos vienen de la fe. Y nuestro papel es éste, tenemos que ayudar al pueblo cristiano a dar una respuesta madura e inteligente que permita integrar ambos conocimientos.
El segundo gran papel que nos toca es el de puente entre la Iglesia y el mundo científico: por un lado, mostrar a los astrónomos lo que la Iglesia piensa, y al mismo tiempo, informar a ésta de los últimos descubrimientos astronómicos. La astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, lo que somos, en este pequeño planeta, en este universo inmenso.
Para mí, científico y creyente, no existe contradicción entre la fe y la ciencia. Más que hacer muchos discursos o escribir muchas cosas, mi propia vida y la de mis colaboradores testifica que este diálogo es posible.
El hecho de que nosotros publiquemos trabajos científicos en revistas especializadas y que nuestro trabajo se someta al juicio de nuest ros mismos colegas, como cualquier científico, en congresos, conferencias, revistas, etc. significa que somos capaces de hacer ciencia, como el resto de astrónomos. Y por otro lado, somos hombres de fe que seguimos al Santo Padre. Nuestra vida es el mejor argumento.
Leer más...
Etiquetas:
presentaciones
sábado, 29 de noviembre de 2008
¡DIME QUÉ ESPERAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES!
Tenemos hoy como novedad la meditación del padre Thomas Rosica (director del canal de televisión canadiense Salt and Light) sobre los textos correspondientes al primer domingo de Adviento (Isaías 63 16-17.19; salmo 80 (79); Carta I de S. Pablo a los Corintios 1, 3-9; Marcos 13, 33-37) que dice así:
La Iglesia entra este fin de semana en el tiempo litúrgico de Adviento. Los cristianos proclaman que el Mesías ha venido realmente y que el reino de Dios está a nuestro alcance. El Adviento no cambia a Dios. El Adviento profundiza en nuestro deseo y en nuestra espera de que Dios realice lo que los profetas anunciaron. Rezamos para que Dios ceda a nuestra necesidad de ver y sentir la promesa de salvación aquí y ahora.
Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo. De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío.
Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.
¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!
Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.
En este primer domingo de Adviento, en la primera lectura del profeta Isaías, el Todopoderoso vuelve a dar esperanza al corazón y al alma de Israel; modela a Israel como lo hace el alfarero con la cerámica.
En la segunda lectura, en su carta a la comunidad amada de Corinto, Pablo dice que espera con impaciencia "El día del Señor", en el que el Señor Jesús se nos revelará para salvar a quienes ha llamado.
En el Evangelio del primer domingo de Adviento, Marcos describe al portero de la casa que vela en espera del regreso inesperado de su señor. Se trata de una imagen de lo que tenemos que hacer durante todo el año, pero especialmente durante el período de Adviento.
Nuestro Bautismo nos hace participar en la misión real y mesiánica de Jesús. Cada persona que participa en esta misión participa también en las responsabilidades regias, en particular, en el cuidado de los afligidos y de los heridos. Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.
El cardenal Joseph Ratzinger ha escrito que "el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza".
En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias. Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.
Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.
Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.
¡Alégrense porque el Señor está cerca!.
Leer más...
La Iglesia entra este fin de semana en el tiempo litúrgico de Adviento. Los cristianos proclaman que el Mesías ha venido realmente y que el reino de Dios está a nuestro alcance. El Adviento no cambia a Dios. El Adviento profundiza en nuestro deseo y en nuestra espera de que Dios realice lo que los profetas anunciaron. Rezamos para que Dios ceda a nuestra necesidad de ver y sentir la promesa de salvación aquí y ahora.
Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo. De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío.
Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.
¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!
Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.
En este primer domingo de Adviento, en la primera lectura del profeta Isaías, el Todopoderoso vuelve a dar esperanza al corazón y al alma de Israel; modela a Israel como lo hace el alfarero con la cerámica.
En la segunda lectura, en su carta a la comunidad amada de Corinto, Pablo dice que espera con impaciencia "El día del Señor", en el que el Señor Jesús se nos revelará para salvar a quienes ha llamado.
En el Evangelio del primer domingo de Adviento, Marcos describe al portero de la casa que vela en espera del regreso inesperado de su señor. Se trata de una imagen de lo que tenemos que hacer durante todo el año, pero especialmente durante el período de Adviento.
Nuestro Bautismo nos hace participar en la misión real y mesiánica de Jesús. Cada persona que participa en esta misión participa también en las responsabilidades regias, en particular, en el cuidado de los afligidos y de los heridos. Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.
El cardenal Joseph Ratzinger ha escrito que "el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza".
En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias. Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.
Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.
Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.
¡Alégrense porque el Señor está cerca!.
Leer más...
Etiquetas:
presentaciones
miércoles, 26 de noviembre de 2008
LA CRISIS Y LA FE
Por su especial concreción y cercanía, reproduzco esta carta escrita por D. Amadeo Rodriguez Magro (obispo de Plasencia). Espero que, como a mí, os encante su contenido.
La crisis ha modificado bruscamente un logro de nuestra sociedad que parecía definitivo e incluso en alza; esta poniendo en riesgo un nivel de vida holgado, del que disfrutaba una gran mayoría de españoles. Todo eso parece venirse abajo por un terremoto económico de proporciones mundiales, que paradójicamente no ha respetado ni a los más ricos. Y, si para estos es así, no nos queremos ni imaginar lo que supondrá, si no se encuentran soluciones a tiempo, para los más pobres. Ante esta situación se están buscando las medidas más adecuadas que permitan atajar esta grave crisis. Es evidente que, si el problema es sobre todo económico, las soluciones habrán de venir de un nuevo orden en la economía mundial.
Sin embargo, muchos se preguntan si la crisis es sólo económica o si todo lo que está ocurriendo tiene algo que ver con otros valores. También es frecuente escuchar que entre crisis y fe hay mucha relación. En principio pienso que es así, porque en el ser humano no hay esferas exclusivas y cerradas: todo en él es siempre unidad e integración y, cuando se produce en su vida alguna alteración las causas no son únicas y las soluciones también han de venir desde todas sus dimensiones; por supuesto también desde la espiritual.
Por eso la fe y la crisis se tienen que entender, y necesariamente se ha de producir un diálogo entre ellas. La fe ilumina al hombre y a la mujer en sus experiencias personales y sociales. Es por eso que la situación de crisis está demandando el protagonismo de nuevos valores, nacidos de la fe, que tengan su fuente en los sentimientos mismos de Dios, manifestados especialmente por la encarnación de su Hijo Jesucristo. Y de entre ellos, dos son especialmente protagonistas en estos momentos: la solidaridad y la austeridad.
Hoy todos, también desde otros ángulos y visiones de la vida, reclaman el valor de la solidaridad; quizás sea porque no hay nadie que no se sienta afectado por este mal que nos ha sobrevenido. En realidad, al mirar a nuestro alrededor, enseguida se comprueba cómo afecta al vecino de piso, de trabajo, de barrio, de población, de región... cómo la crisis es una gran mancha que atrapa poco a poco a todos. Pues la mancha la hemos de limpiar con el mejor de los disolventes: el de la ayuda mutua, que ha de ir especialmente dirigida a aquellos que estén siendo más afectados, los más severamente empobrecidos.
Esa mirada solidaria a nuestro entorno, lleva también a unas actitudes y modos de vida más austeros. En realidad la austeridad, si es sana, es la clave de la solidaridad: cada cual ayuda en la medida que comparte lo que tiene, y eso le lleva a situar su modo de vida al nivel de los que lo están pasando mal, a cuyo servicio se pone lo que se es y lo que se tiene. No obstante hay que evitar la austeridad que no es sana; es la de la imagen, la de aquellos que le dan un cierto tono demagógico a las medidas y actúan siempre en función de quedar bien o mal en determinadas situaciones.
A todos les parece evidente que esos dos valores, el de la solidaridad y el de la austeridad, que siempre se dan la mano, son necesarios en estos momentos de crisis . Y para que brillen en todo su esplendor, es decir, en toda su pureza y verdad, os recomiendo que situemos nuestras vidas en el amor providente de Dios. A mi entender, quizás sea este un buen momento para recordar el valor de la Providencia divina, tan devaluada en el reciente pasado, quizás porque se nos había subido a la cabeza la abundancia.
Ahora nos conviene saber que "en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman" (Rm 8,16). En estos momentos, quizás nos purifique y aliente reconocer y proclamar de nuevo que Dios es el Señor de la historia y del mundo, aunque los caminos de su providencia frecuentemente no los conozcamos. Quizás sea bueno rebajar la confianza en los dominadores del mundo, que habrán de ganársela en la medida que trabajen por mejorarlo en caridad, justicia y paz. No obstante, esa confianza en las capacidades humanas no nos hará olvidar que también en las decisiones del G8 y el G20 se muestra providente el Señor, que nos sostiene con el concurso de sus criaturas; pues a veces Dios se sirve de nosotros para la realización de sus designios.
Con mi afecto y bendición.
Leer más...
La crisis ha modificado bruscamente un logro de nuestra sociedad que parecía definitivo e incluso en alza; esta poniendo en riesgo un nivel de vida holgado, del que disfrutaba una gran mayoría de españoles. Todo eso parece venirse abajo por un terremoto económico de proporciones mundiales, que paradójicamente no ha respetado ni a los más ricos. Y, si para estos es así, no nos queremos ni imaginar lo que supondrá, si no se encuentran soluciones a tiempo, para los más pobres. Ante esta situación se están buscando las medidas más adecuadas que permitan atajar esta grave crisis. Es evidente que, si el problema es sobre todo económico, las soluciones habrán de venir de un nuevo orden en la economía mundial.
Sin embargo, muchos se preguntan si la crisis es sólo económica o si todo lo que está ocurriendo tiene algo que ver con otros valores. También es frecuente escuchar que entre crisis y fe hay mucha relación. En principio pienso que es así, porque en el ser humano no hay esferas exclusivas y cerradas: todo en él es siempre unidad e integración y, cuando se produce en su vida alguna alteración las causas no son únicas y las soluciones también han de venir desde todas sus dimensiones; por supuesto también desde la espiritual.
Por eso la fe y la crisis se tienen que entender, y necesariamente se ha de producir un diálogo entre ellas. La fe ilumina al hombre y a la mujer en sus experiencias personales y sociales. Es por eso que la situación de crisis está demandando el protagonismo de nuevos valores, nacidos de la fe, que tengan su fuente en los sentimientos mismos de Dios, manifestados especialmente por la encarnación de su Hijo Jesucristo. Y de entre ellos, dos son especialmente protagonistas en estos momentos: la solidaridad y la austeridad.
Hoy todos, también desde otros ángulos y visiones de la vida, reclaman el valor de la solidaridad; quizás sea porque no hay nadie que no se sienta afectado por este mal que nos ha sobrevenido. En realidad, al mirar a nuestro alrededor, enseguida se comprueba cómo afecta al vecino de piso, de trabajo, de barrio, de población, de región... cómo la crisis es una gran mancha que atrapa poco a poco a todos. Pues la mancha la hemos de limpiar con el mejor de los disolventes: el de la ayuda mutua, que ha de ir especialmente dirigida a aquellos que estén siendo más afectados, los más severamente empobrecidos.
Esa mirada solidaria a nuestro entorno, lleva también a unas actitudes y modos de vida más austeros. En realidad la austeridad, si es sana, es la clave de la solidaridad: cada cual ayuda en la medida que comparte lo que tiene, y eso le lleva a situar su modo de vida al nivel de los que lo están pasando mal, a cuyo servicio se pone lo que se es y lo que se tiene. No obstante hay que evitar la austeridad que no es sana; es la de la imagen, la de aquellos que le dan un cierto tono demagógico a las medidas y actúan siempre en función de quedar bien o mal en determinadas situaciones.
A todos les parece evidente que esos dos valores, el de la solidaridad y el de la austeridad, que siempre se dan la mano, son necesarios en estos momentos de crisis . Y para que brillen en todo su esplendor, es decir, en toda su pureza y verdad, os recomiendo que situemos nuestras vidas en el amor providente de Dios. A mi entender, quizás sea este un buen momento para recordar el valor de la Providencia divina, tan devaluada en el reciente pasado, quizás porque se nos había subido a la cabeza la abundancia.
Ahora nos conviene saber que "en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman" (Rm 8,16). En estos momentos, quizás nos purifique y aliente reconocer y proclamar de nuevo que Dios es el Señor de la historia y del mundo, aunque los caminos de su providencia frecuentemente no los conozcamos. Quizás sea bueno rebajar la confianza en los dominadores del mundo, que habrán de ganársela en la medida que trabajen por mejorarlo en caridad, justicia y paz. No obstante, esa confianza en las capacidades humanas no nos hará olvidar que también en las decisiones del G8 y el G20 se muestra providente el Señor, que nos sostiene con el concurso de sus criaturas; pues a veces Dios se sirve de nosotros para la realización de sus designios.
Con mi afecto y bendición.
Leer más...
Etiquetas:
presentaciones
DIÁLOGO ENTRE DOS
Me he encontrado en el apartado de Turno de Preguntas y al mismo tiempo, un diálogo muy sugerente establecido entre Hola y Joaquim... Éste es:
Leer más...
Leer más...
Etiquetas:
diálogo entre amigos
ROUCO Y LA L.M.H.
Durante su discurso en la Asamblea Plenaria del episcopado español, el Cardenal Rouco mostró la preocupación de la Iglesia por el deterioro de la convivencia (seguro que en los medios de comunicación habréis visto u oído sobre ello). Pues bien. Ésta es la parte de su intervención que a mí me interesa para provocar nuestra conversación:
“”En su discurso de apertura de la XCII Asamblea Plenaria de la CEE, el purpurado mostró la "inquietud" de los obispos ante la posible ruptura de "el espíritu de reconciliación, sacrificado y generoso, que presidió la vida social y política en los años llamados de la transición a la democracia".
Recordando la pasada historia de España, el cardenal Rouco afirmó que es "es necesario vigilar para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que puedan acabar siendo violentas".
"A veces es necesario saber olvidar. No por ignorancia o cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón verdaderamente responsable y fuerte", añadió, especialmente por el bien "de los jóvenes".
Añadió que la sangre de los muertos en la guerra, incluyendo la de los mártires, "sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz””.
Os he subrayado una frase sobre el perdón que a mí me ha resultado muy interesante. También me gustaría que opinásemos si estas declaraciones suponen o no una ingerencia, o si únicamente aportan una reflexión de indudable contenido filosófico y moral...
Leer más...
“”En su discurso de apertura de la XCII Asamblea Plenaria de la CEE, el purpurado mostró la "inquietud" de los obispos ante la posible ruptura de "el espíritu de reconciliación, sacrificado y generoso, que presidió la vida social y política en los años llamados de la transición a la democracia".
Recordando la pasada historia de España, el cardenal Rouco afirmó que es "es necesario vigilar para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que puedan acabar siendo violentas".
"A veces es necesario saber olvidar. No por ignorancia o cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón verdaderamente responsable y fuerte", añadió, especialmente por el bien "de los jóvenes".
Añadió que la sangre de los muertos en la guerra, incluyendo la de los mártires, "sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz””.
Os he subrayado una frase sobre el perdón que a mí me ha resultado muy interesante. También me gustaría que opinásemos si estas declaraciones suponen o no una ingerencia, o si únicamente aportan una reflexión de indudable contenido filosófico y moral...
Leer más...
Etiquetas:
temas de debate
viernes, 21 de noviembre de 2008
UN CAPRICHO SI, ¡PERO LITERARIO!
A eso de las 5:30 (a.m.) estaba yo no voy a decir "pensando", sino "intentando sentir en mí" la presencia de Dios, cuando se me ocurrió este "trasnochado poema" que ahora os reproduzco y que dice así:
¡Qué más quisiera yo que que procuraseis que mis noches fueran vuestras!.
Noches enteras esperando vuestro arribar.
Y mientras tanto mi mente divaga, postrándose sobre las luces de mi vano trasnochar.
Ora la 1, ora las 4, fueran del día 3 como del 26, buscaba yo gustar de tu presencia,
Como en aquella vez en que me sentí amada, aún a sabiendas de mi pequeñez...
¡Dejadme encontraros en mi vida!: en mi noche y en mi ayer...
... ¡y consentid que os encuentre también hoy en mi querer!:
Que vuestro Amor sea en mis actos,
… y que a través de ellos me siga yo encontrando, también en esta noche con Vos...
¡Que así sea!
(Espero de todo corazón que sepáis disculpar mi atrevimiento. Sólo quería enviaros un "cucu" para que supiérais que andaba por aquí)
Con infinito cariño...
Leer más...
¡Qué más quisiera yo que que procuraseis que mis noches fueran vuestras!.
Noches enteras esperando vuestro arribar.
Y mientras tanto mi mente divaga, postrándose sobre las luces de mi vano trasnochar.
Ora la 1, ora las 4, fueran del día 3 como del 26, buscaba yo gustar de tu presencia,
Como en aquella vez en que me sentí amada, aún a sabiendas de mi pequeñez...
¡Dejadme encontraros en mi vida!: en mi noche y en mi ayer...
... ¡y consentid que os encuentre también hoy en mi querer!:
Que vuestro Amor sea en mis actos,
… y que a través de ellos me siga yo encontrando, también en esta noche con Vos...
¡Que así sea!
(Espero de todo corazón que sepáis disculpar mi atrevimiento. Sólo quería enviaros un "cucu" para que supiérais que andaba por aquí)
Con infinito cariño...
Leer más...
Etiquetas:
caprichos teológicos
martes, 18 de noviembre de 2008
"¿SE PUEDE SABER SI DIOS EXISTE?"
Es éste un debate entre seis intelectuales acogido en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, y que a mí me apetece participaros en la convicción de que suscitará también vuestro interés.
Quienes respondieron favorablemente a la pregunta (los creyentes) fueron Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso; Salvador Antuñano, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria; y Víctor Tirado, profesor de la facultad de Teología de S. Dámaso.
La respuesta negativa fue ofrecida por Gabriel Albiac, catedrático de filosofía en la Universidad Complutense; Diego Carcedo, periodista y escritor; y Javier Alberdi, matemático y filósofo.
El debate fue organizado el 5 de noviembre por el Instituto John Henry Newman de esa Universidad.
A favor
"Sólo hay un modo válido de responder en positivo sobre esta cuestión que se nos plantea: sabiendo que Dios existe. Y esto implica ya una ventaja existencial y epistemológica para nuestro equipo sobre el otro", afirmó Antuñano, rompiendo el hielo de la discusión.
"Pues bien -prosiguió--, cuando alguien dice: ‘Yo sé que Dios existe', es evidente que no lo dice como quien ve los colores de las cosas o como quien ha hecho una suma o una deducción lógica. Lo dice como quien conoce las cosas en un nivel existencial y, además, en una relación que tiene que ver de alguna forma con la amistad, la filiación, el amor. Lo sabe por experiencia".
Para dar razones de estos enunciados el profesor Antuñano expuso que el conocimiento de Dios tiene un fuerte carácter subjetivo, porque en ese conocimiento está Implicada la propia persona, pero que esto no significa que se confunda esta creencia con una autosugestión por parte del sujeto, una proyección interna de sus propias ideas y deseos que termina generando la ilusión ficticia de un ser imaginario llamado Dios.
"Por eso -añadió-, saber que Dios existe tiene también un carácter objetivo: hay una alteridad real en ese conocimiento. No todo lo que puede proyectar un hombre coincide necesariamente con lo que Dios es, o como descubre que Dios es. Más aún, hay veces que lo que uno proyecta es exactamente lo contrario a lo que descubre cuando sabe que Dios existe. Una pura invención mía no puede en realidad dejarme satisfecho, el autoengaño dura poco, y genera frustración, tristeza, y hasta violencia".
El profesor concluyó diciendo que este conocer a Dios es evidentemente mucho más que un mero conocimiento empírico, mucho más que el conocimiento matemático o lógico o científico y por supuesto es muchísimo más que una opinión opinable: es el conocimiento cierto y convencido de alguien a quien se ama porque se ha sentido su caricia de amor en la propia vida.
Tras esta intervención, Víctor Tirado invitó a la audiencia a seguir la pregunta del debate hasta el fondo y analizar lo que hay detrás del término Dios.
Así, afirmó que aunque había muchos caminos para señalar la existencia de Dios sólo iba a apuntar uno: "El hombre es una paradoja y eso se puede comprobar en la propia conciencia. Todos tenemos el dilema entre lo que somos y nos gustaría ser. El Bien no se adviene a aquello que desearíamos que fuera, es una idea de Bien trascendente, y de esto todos tenemos experiencia".
En esa línea siguió Pablo Domínguez, el último en intervenir de la mesa de los creyentes, quien afirmó que en el mundo de la no creencia también había vestigios de creencia, también había estupor por la perfección del universo y también se elevaba la mirada para encontrar el origen de tanta armonía. Fue el único, junto Javier Alberdi, que puso su experiencia sobre la mesa.
Así, concluyó que la vivencia de quien se ha encontrado con Dios no es meramente sentimental, sino racional; y que tiene el convencimiento de que es mucho más lo que desconocemos de Dios que lo que sabemos, y que esto último es sólo posible porque Dios se ha dado a conocer.
En contra
Gabriel Albiac, antes de nada, aclaró que no se puede demostrar la no existencia de algo, y que la comprobación viene siempre por parte del que afirma la existencia "Toda afirmación es falsa mientras no se demuestre lo contrario".
En esta directriz, declaró que él era ateo, no en el sentido de esforzarse en demostrar la no existencia de Dios, sino en el convencimiento de que todo enunciado que contenga la palabra Dios pertenece a la creencia, al igual que cualquier término que contenga un valor del Absoluto. Después presentó una explicación erudita sobre el concepto de Ser en el poema de Parménides.
Por su parte, Javier Alberdi expuso su experiencia. Narró cómo un día, siendo estudiante de 2º curso de Teología, se dio cuenta de que Dios había entrado a formar parte de aquello desconocido, y cómo Jesús se había despojado de todo rango divino, para él. Esa misma vivencia volvió a sentirla a la muerte de su padre. Desde entonces se esfuerza por aceptar la vida como es, como el valor máximo, sabiendo que morirá y no habrá nada más.
Problema ontológico y experiencia testimonial
Tras esta primera ronda, Víctor Tirado retó a Gabriel Albiac a no reducir un problema ontológico, como el de Dios, a uno nominal "El conocimiento es experiencia, intuición de lo real ¿Cómo es posible que haya ser? A Dios hay que ir desde el mundo, desde lo que somos".
A lo que Albiac le siguió contestando desde la interpretación del texto griego del filósofo Parménides. Esta opción hizo más difícil la contrarréplica, ya que el debate se enquistó en un término lingüístico del que parecía difícil salir para hacer una verdadera comunicación.
Así, Pablo Domínguez apuntó otra línea más testimonial, "previo a la experiencia intelectual -manifestó- ha habido otra experiencia no contradictoria con ésta que es existencial, y eso es la Gracia. La Gracia es un modo de conocimiento. El mundo está lleno de cosas que no podemos tocar ni medir. La unidad de la que hablamos es el vestigio del saber acerca de Dios. Esa unidad que busco fuera la encuentro entre la Gracia que he recibido y la razón que busca".
Asimismo, afirmó: "Si sé que existe Dios, la vida se ve de un modo. Si no lo sé, veo el mundo de otro, y lo cierto es que son dos formas de ver la vida que me obligan a situarme. Las consecuencias de ambas dos son tan grandes, que no puede ser que este problema me deje indiferente".
En el turno de preguntas abiertas al público hubo varias anotaciones y temas comunes. Entre las preocupaciones comunes se expresó la posibilidad o imposibilidad de conocer la realidad, así como el tema del sufrimiento y la necesidad de encontrarle un sentido.
También hubo ocasión de que algún oyente expusiera su experiencia en referencia a la pregunta del debate y a que otro se preguntara por la vía de la oración como camino fiable para encontrar la realidad de Dios.
Ante eso, Pablo Domínguez concluyó: "La oración es escuchar. En esa contemplación uno descubre que Dios habla, y que cuando habla se le entiende. Sólo digo que eso lo he experimentado yo, que es real, que no les engaño, que no estoy haciendo ningún tipo de metáfora, que no les quiero llevar a mi terreno, que no gano nada, que lo digo porque lo vivo. Y porque lo vivo, lo digo”.
El Instituto Newman es un departamento de la Universidad Francisco de Vitoria que pretende poner en contacto la fe con la razón, la ciencia con la religión.
Leer más...
Quienes respondieron favorablemente a la pregunta (los creyentes) fueron Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso; Salvador Antuñano, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria; y Víctor Tirado, profesor de la facultad de Teología de S. Dámaso.
La respuesta negativa fue ofrecida por Gabriel Albiac, catedrático de filosofía en la Universidad Complutense; Diego Carcedo, periodista y escritor; y Javier Alberdi, matemático y filósofo.
El debate fue organizado el 5 de noviembre por el Instituto John Henry Newman de esa Universidad.
A favor
"Sólo hay un modo válido de responder en positivo sobre esta cuestión que se nos plantea: sabiendo que Dios existe. Y esto implica ya una ventaja existencial y epistemológica para nuestro equipo sobre el otro", afirmó Antuñano, rompiendo el hielo de la discusión.
"Pues bien -prosiguió--, cuando alguien dice: ‘Yo sé que Dios existe', es evidente que no lo dice como quien ve los colores de las cosas o como quien ha hecho una suma o una deducción lógica. Lo dice como quien conoce las cosas en un nivel existencial y, además, en una relación que tiene que ver de alguna forma con la amistad, la filiación, el amor. Lo sabe por experiencia".
Para dar razones de estos enunciados el profesor Antuñano expuso que el conocimiento de Dios tiene un fuerte carácter subjetivo, porque en ese conocimiento está Implicada la propia persona, pero que esto no significa que se confunda esta creencia con una autosugestión por parte del sujeto, una proyección interna de sus propias ideas y deseos que termina generando la ilusión ficticia de un ser imaginario llamado Dios.
"Por eso -añadió-, saber que Dios existe tiene también un carácter objetivo: hay una alteridad real en ese conocimiento. No todo lo que puede proyectar un hombre coincide necesariamente con lo que Dios es, o como descubre que Dios es. Más aún, hay veces que lo que uno proyecta es exactamente lo contrario a lo que descubre cuando sabe que Dios existe. Una pura invención mía no puede en realidad dejarme satisfecho, el autoengaño dura poco, y genera frustración, tristeza, y hasta violencia".
El profesor concluyó diciendo que este conocer a Dios es evidentemente mucho más que un mero conocimiento empírico, mucho más que el conocimiento matemático o lógico o científico y por supuesto es muchísimo más que una opinión opinable: es el conocimiento cierto y convencido de alguien a quien se ama porque se ha sentido su caricia de amor en la propia vida.
Tras esta intervención, Víctor Tirado invitó a la audiencia a seguir la pregunta del debate hasta el fondo y analizar lo que hay detrás del término Dios.
Así, afirmó que aunque había muchos caminos para señalar la existencia de Dios sólo iba a apuntar uno: "El hombre es una paradoja y eso se puede comprobar en la propia conciencia. Todos tenemos el dilema entre lo que somos y nos gustaría ser. El Bien no se adviene a aquello que desearíamos que fuera, es una idea de Bien trascendente, y de esto todos tenemos experiencia".
En esa línea siguió Pablo Domínguez, el último en intervenir de la mesa de los creyentes, quien afirmó que en el mundo de la no creencia también había vestigios de creencia, también había estupor por la perfección del universo y también se elevaba la mirada para encontrar el origen de tanta armonía. Fue el único, junto Javier Alberdi, que puso su experiencia sobre la mesa.
Así, concluyó que la vivencia de quien se ha encontrado con Dios no es meramente sentimental, sino racional; y que tiene el convencimiento de que es mucho más lo que desconocemos de Dios que lo que sabemos, y que esto último es sólo posible porque Dios se ha dado a conocer.
En contra
Gabriel Albiac, antes de nada, aclaró que no se puede demostrar la no existencia de algo, y que la comprobación viene siempre por parte del que afirma la existencia "Toda afirmación es falsa mientras no se demuestre lo contrario".
En esta directriz, declaró que él era ateo, no en el sentido de esforzarse en demostrar la no existencia de Dios, sino en el convencimiento de que todo enunciado que contenga la palabra Dios pertenece a la creencia, al igual que cualquier término que contenga un valor del Absoluto. Después presentó una explicación erudita sobre el concepto de Ser en el poema de Parménides.
Por su parte, Javier Alberdi expuso su experiencia. Narró cómo un día, siendo estudiante de 2º curso de Teología, se dio cuenta de que Dios había entrado a formar parte de aquello desconocido, y cómo Jesús se había despojado de todo rango divino, para él. Esa misma vivencia volvió a sentirla a la muerte de su padre. Desde entonces se esfuerza por aceptar la vida como es, como el valor máximo, sabiendo que morirá y no habrá nada más.
Problema ontológico y experiencia testimonial
Tras esta primera ronda, Víctor Tirado retó a Gabriel Albiac a no reducir un problema ontológico, como el de Dios, a uno nominal "El conocimiento es experiencia, intuición de lo real ¿Cómo es posible que haya ser? A Dios hay que ir desde el mundo, desde lo que somos".
A lo que Albiac le siguió contestando desde la interpretación del texto griego del filósofo Parménides. Esta opción hizo más difícil la contrarréplica, ya que el debate se enquistó en un término lingüístico del que parecía difícil salir para hacer una verdadera comunicación.
Así, Pablo Domínguez apuntó otra línea más testimonial, "previo a la experiencia intelectual -manifestó- ha habido otra experiencia no contradictoria con ésta que es existencial, y eso es la Gracia. La Gracia es un modo de conocimiento. El mundo está lleno de cosas que no podemos tocar ni medir. La unidad de la que hablamos es el vestigio del saber acerca de Dios. Esa unidad que busco fuera la encuentro entre la Gracia que he recibido y la razón que busca".
Asimismo, afirmó: "Si sé que existe Dios, la vida se ve de un modo. Si no lo sé, veo el mundo de otro, y lo cierto es que son dos formas de ver la vida que me obligan a situarme. Las consecuencias de ambas dos son tan grandes, que no puede ser que este problema me deje indiferente".
En el turno de preguntas abiertas al público hubo varias anotaciones y temas comunes. Entre las preocupaciones comunes se expresó la posibilidad o imposibilidad de conocer la realidad, así como el tema del sufrimiento y la necesidad de encontrarle un sentido.
También hubo ocasión de que algún oyente expusiera su experiencia en referencia a la pregunta del debate y a que otro se preguntara por la vía de la oración como camino fiable para encontrar la realidad de Dios.
Ante eso, Pablo Domínguez concluyó: "La oración es escuchar. En esa contemplación uno descubre que Dios habla, y que cuando habla se le entiende. Sólo digo que eso lo he experimentado yo, que es real, que no les engaño, que no estoy haciendo ningún tipo de metáfora, que no les quiero llevar a mi terreno, que no gano nada, que lo digo porque lo vivo. Y porque lo vivo, lo digo”.
El Instituto Newman es un departamento de la Universidad Francisco de Vitoria que pretende poner en contacto la fe con la razón, la ciencia con la religión.
Leer más...
Etiquetas:
temas de debate
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

