sábado, 4 de octubre de 2008

“A mi Hijo le respetarán”

El P. Cantalamessa se pregunta en esta ocasión qué suerte reservamos a Cristo en nuestra vida. Con esta hermosa homilía, nos hace más comprensibles y actualizadas las lecturas correspondientes a este domingo XXVII del tiempo ordinario: Isaías 5,1-7; Filipenses 4,6-9; y Mateo 21, 33-43.

El P. Cantalamessa nos dice así:

El contexto inmediato de la parábola de los viñadores homicidas se refiere a la relación entre Dios y el Pueblo de Israel. Es a éste a quien históricamente Dios ha enviado primero a los profetas y después a su mismo Hijo. Pero como todas las parábolas de Jesús, esta es una "historia abierta". En la relación Dios-Israel se traza la relación entre Dios y la humanidad entera.

Jesús retoma y continúa el lamento de Dios en Isaías de la primera lectura. Es ahí donde se debe buscar la clave de lectura y el tono de la parábola. ¿Por qué Dios ha "plantado la viña" y cuáles son los frutos que espera y que viene a buscar a su tiempo? Aquí la parábola se aleja de la realidad. Los viñadores humanos no plantan una viña ni le prodigan sus cuidados por amor a la viña, sino por su beneficio. No así Dios. Él crea al hombre, entra en alianza con él, no por su interés, sino para favorecer al hombre, por puro amor. Los frutos que espera del hombre son el amor hacia él y la justicia hacia los oprimidos: todas ellas cosas que sirven al bien del hombre, no al de Dios.

Esta parábola de Jesús es terriblemente actual aplicada a nuestra Europa y, en general, al mundo cristiano. También en este caso hay que decir que Jesús ha sido "echado fuera de la viña", expulsado por una cultura que se proclama post-cristiana, o incluso anti-cristiana. Las palabras de los viñadores resuenan, si no en las palabras, al menos en los hechos de nuestra sociedad secularizada: "¡Matemos al heredero y será nuestra la herencia!"

Ya no se quiere oír hablar más de raíces cristianas de Europa, de patrimonio cristiano, El hombre secularizado quiere ser el heredero, el dueño. Sartre puso en boca de un personaje suyo estas terribles declaraciones: "Ya no hay nada en el cielo, ni Bien, ni Mal, ni persona alguna que pueda darme órdenes. (...) Soy un hombre, y cada hombre debe inventar su propio camino".

Esta que he indicado es una aplicación, por así decirlo, a "largo alcance" de la parábola. Pero casi siempre las parábolas de Cristo tienen también una explicación de corto alcance, o a nivel individual: se aplican a cada persona, no sólo a la humanidad o a la cristiandad en general. Se nos invita a preguntarnos: ¿qué suerte he reservado yo a Cristo en mi vida? ¿Cómo correspondo al incomprensible amor de Dios hacia mí? ¿Acaso no le he expulsado yo también fuera de los muros de mi casa, de mi vida... es decir, le he olvidado, ignorado?

Recuerdo que un día escuchaba esta parábola durante una Misa, mientras estaba bastante distraído. Llegado al punto en que se oye al dueño de la viña decir para sí: "A mi hijo le respetarán", tuve un sobresalto. Entendí que aquellas palabras estaban dirigidas personalmente a mí, en aquel momento. Ahora el Padre celeste estaba a punto de mandarme a mí a su Hijo en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre; ¿había comprendido yo la grandeza del momento? ¿Estaba preparado para acogerle con respeto, como el Padre esperaba? Aquellas palabras me sacaron bruscamente de mis pensamientos...

En la parábola de los viñadores homicidas hay un sentido de amargura, de desilusión. ¡Ciertamente no se trata de una historia con final feliz! Pero al leerla en profundidad, habla del amor increíble de Dios por su pueblo y por cada una de sus criaturas. Un amor que al final, incluso a través de los distintos episodios de extravío y retorno, saldrá siempre victorioso y tendrá la última palabra.
Los rechazos de Dios nunca son definitivos, son abandonos pedagógicos. También el rechazo de Israel que resuena veladamente en las palabras de Cristo: "Se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que rinda sus frutos", pertenece a este género, como el descrito por Isaías en la primera lectura. Hemos visto, por otra parte, que este peligro acecha también sobre la cristiandad, o al menos sobre vastas partes de ella.

San Pablo escribe en la carta a los Romanos: "¿Es que ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! ¡Que también yo soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamín! Dios no ha rechazado a su pueblo, en quien de antemano puso sus ojos... ¿Es que han tropezado para quedar caídos? ¡De ningún modo! Sino que su caída ha traído la salvación de los gentiles, para llenarlos de celos. ... Si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión, sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 1ss).

En la semana que apenas ha transcurrido, el 29 de septiembre, los hermanos judíos han celebrado su fiesta más importante, el Fin de Año, llamado por ellos Rosh Ha-shanà. Quisiera aprovechar esta ocasión para hacerles llegar mi augurio de paz y de prosperidad. Con el Apóstol Pablo grito yo también: "Que sea la paz en todo el Israel de Dios".
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jueves, 2 de octubre de 2008

4ª PREGUNTA REALIZADA

Nos encontramos en esta ocasión con una intervención de nuestro amigo Hola. Para poder leerla, y para poder participar si lo consideráis conveniente, tendríais que pinchar en "comentarios".

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LA "LAICIDAD POSITIVA" DE ROUCO

El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Antonio María Rouco, explicó el pasado miércoles que las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política y social deben responder al principio de la "laicidad positiva", que ha utilizado en varias ocasiones Benedicto XVI. Veamos cuales son sus argumentos...

El purpurado, que intervino durante un desayuno con periodistas y políticos organizado por la agencia española de noticias Europa Press, explicó, según recoge la revista Ecclesia, que este principio ya estaba marcado en el Concilio Vaticano II".

En este sentido, recordó las intervenciones del Papa en Francia, la célebre conversación con el filósofo alemán Habermas, así como su discurso en Ratisbona en septiembre de 2006.

Los elementos de esta "laicidad positiva", son, según explicó el cardenal Rouco, "libertad religiosa, libertad de los padres para la educación de sus hijos, justa autonomía de las realidades temporales y una actitud de servicio para atender a la persona y promover la defensa de sus derechos y de búsqueda conjunta de bien común".

Preguntado por el discurso del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, sobre "laicidad positiva" ante el Papa en el Eliseo el pasado 15 de septiembre, el cardenal aseguró "no envidiar a Francia -en todo caso, sí a Alemania- a propósito del laicismo positivo que pretende impulsar su presidente".

"El marco legal en las relaciones Iglesia -Estado en España es mejor que el francés", aseveró.

Además, y en relación al debate sobre la posible reforma del concordato vigente en España, defendió como "instrumento válido" el actual sistema de acuerdos bilaterales de la Santa Sede con el resto de los países.

Preguntado también por la posible reforma de la Ley Orgánica de libertad Religiosa española, el cardenal afirmó que la actual "es buena", aunque no se cerró a su reforma, "si es para bien".

Sobre las peticiones de retirada de los crucifijos de los espacios públicos, realizada por algunos grupos, el cardenal consideró que "proceden de minorías" y añadió estas peticiones no deben atenderse porque el crucifijo "pertenece a la historia, a la cultura y a la identidad de España".

Aborto y crisis económica

En el turno de preguntas, el cardenal Rouco se refirió a la reforma de la ley despenalizadora del aborto que el Gobierno pretende llevar a cabo. "La vida es un derecho absoluto, sin condiciones, siempre", aclaró, y añadió que la "tragedia moral" es "la aceptación social del aborto".

Respecto a la asignatura "Educación para la Ciudadanía", el purpurado insistió en que los padres "tienen derecho a la objeción de conciencia".

Sobre la actual situación de crisis económica que atraviesa España, el cardenal explicó que la Iglesia "debe aportar la solidaridad precisa y ayudar a las personas para superar también crisis morales, que están en el trasfondo de la actual situaciones".

Añadió que a la Iglesia "le preocupa mucho más la situación de familias en necesidad y de los parados que hipotéticos -e impensables- cambios o novedades en el vigente modelo de financiación de la Iglesia".

En último lugar, se refirió a la próxima Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, asegurando que "aportará la catolicidad histórica y tan fecunda de España y su dinamismo misionero".

(Avisamos en este punto que el hecho de publicar un artículo, no supone necesariamente el haber hecho nuestros sus argumentos. Sencillamente se propone para sobre ellos dialogar).
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lunes, 29 de septiembre de 2008

LA INFALIBILIDAD DE PIO NONO

Verás, querido Luis: Aunque no te lo parezca, el que hicieras tuyo el contenido de mi post anterior, es lo que nos puede llevar a recorrer conjuntamente el camino deductivo de la infalibilidad pontificia.

Como sabrás, el contenido de la Constitución Dogmática Pastor Æternus, promulgada por Pío IX en 1870, contiene la definición solemne del Dogma de la Infalibilidad Pontificia, que es del tenor literal siguiente:

"...con la aprobación del Sagrado Concilio (el Vaticano I), enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, define una doctrina de Fe o Costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por lo mismo, las definiciones del Obispo de Roma son irreformables por sí mismas y no por razón del consentimiento de la Iglesia. De esta manera, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de contradecir ésta, nuestra definición, sea anatema."

Y, como sabrás también, tres son las condiciones que deben reunirse para que una definición pontificia sea considerada ex cathedra, y son las siguientes:

1. El Papa debe hablar "como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos". (Si habla en calidad de persona privada, o si se dirige solo a un grupo y no a la Iglesia universal, no goza de infalibilidad.)
2. El Papa "proclama por un acto definitivo la doctrina". (Cuando el Papa claramente expresa que la doctrina es definitiva, no puede cambiar.)
3. El Papa habla "en cuestiones de fe y moral".

Sobre el dogma en sí, poco más tengo que decir.

Por ti o por vosotr@s mism@s encontraréis datos históricos y argumentos a favor y en contra hasta hartaros.

Pero si, pese a haberlos leído, no habéis llegado a transcenderlos, es porque no habéis entendido lo que acontece precisamente cuando la infalibilidad del Amor de Dios se nos alcanza: en primer lugar en su Hijo, y desde Él y formando parte de Él, en la colegialidad y -a través de ella- en la totalidad de su Iglesia.

Es el Espíritu Santo –el Poder del Espíritu de Dios- quien actúa en el Cuerpo Místico de Cristo y a través suyo, y es asimismo quien asiste particularmente al Papa cuando hace una definición dogmática que ilumine nuestras certezas.

No es sino un modo de actuar de Dios mediante el Poder de su Espíritu y en quienes –por unión con Él- formamos el Cuerpo Místico de su Hijo (la Iglesia).

Sabemos que la Iglesia unida es infalible porque goza de la infalibilidad del Cristo, y que dentro de Ella hay una figura –la del Papa- quien goza de un especial carisma precisamente porque su misión no es otra que la de –una vez oída la Iglesia Universal- seguir velando y edificando la fe del Pueblo de Dios.

Así pues, es la infalibilidad del Amor de Dios lo que se nos alcanza de una determinada manera.

Pero si esto no creemos, si no lo interpretamos así, si excluimos la actuación del Poder del Espíritu de Dios (el Espíritu Santo) en la Iglesia y en la historia, reconozco que el concepto de dogma no tiene ningún sentido…

Yo lo tengo claro…
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LA INTERCESORA

Dejadme incluir este artículo aparecido en la revista Zenit del sábado sobre una peregrinación conjunta entre anglicanos y católicos que tenía como final la Gruta de las Apariciones de Lourdes. A mí me ha resultado muy cercano y un gran paso hacia el ecumenismo. A ver a vosotros lo que os parece.

La devoción a la Virgen María tiene un papel fundamental en el diálogo ecuménico, en el camino hacia la unidad plena y visible entre los cristianos, afirmó el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.

El purpurado presidió este miércoles una celebración en la Gruta de las Apariciones de Lourdes, en una peregrinación conjunta entre anglicanos y católicos, que había partido desde el santuario de Nuestra Señora de Walsingham (Inglaterra). La homilía la pronunció el arzobispo de Canterbury, reverendo Rowan Williams, que es publicada este 26 de septiembre en "L'Osservatore Romano".

De hecho, admitió el cardenal Kasper, "Lourdes es conocida por sus milagros. ¿Quién habría podido imaginar, sólo hace 20 ó 30 años, que católicos y anglicanos habrían peregrinado y rezado juntos?"

"Para quienes conocen los debates y las polémicas del pasado sobre María entre los católicos y los cristianos de las Iglesias no católicas, para cuantos conocen las reservas del mundo no católico hacia los lugares marianos de peregrinación, para todas esas personas, el acontecimiento de hoy, sin precedentes, es un milagro", subrayó.

Según el cardenal Kasper, María es una pieza fundamental del movimiento ecuménico, aunque este tema "no es ni común ni obvio entre los ecumenistas.

La devoción a María es, recordó el purpurado, una cuestión plenamente compartida con los ortodoxos, "pero también existía devoción mariana en el tiempo de la Reforma".
"Lutero veneró con fervor a María durante toda su vida, a la que profesaba, con los Credos antiguos y los concilios de la Iglesia del primer milenio, como Virgen y Madre de Dios. Era crítico sólo respecto a algunas prácticas, que consideraba abusos y exageraciones", añadió. "Lo mismo sucedió con los reformistas ingleses".

El rechazo a la doctrina sobre la Virgen María se produjo, más bien, durante la Ilustración, "en un espíritu conocido como 'minimalismo mariológico'", explicó el cardenal Kasper.

Sin embargo, gracias a "una lectura y una meditación renovada de la Sagrada Escritura, observamos un cambio lento pero decisivo", aclaró, y citó al respecto varias declaraciones conjuntas entre católicos y luteranos, que van en esta dirección.

"María no está ausente, sino que está presente en el diálogo ecuménico. Las Iglesias han llevado a cabo progresos en el acercamiento sobre la doctrina de Nuestra Señora. Nuestra Señora ya no nos divide, sino que nos reconcilia y nos une en Cristo su Hijo", añadió.

Especialmente se refirió a las dificultades que atraviesa actualmente el diálogo con la Comunión Anglicana, y afirmó que esta peregrinación "puede ser considerada como un signo positivo y alentador de esperanza, incluso un pequeño milagro".

"Hay motivo para esperar que Nuestra Señora nos ayude a superar las dificultades actuales de nuestras relaciones, para que con la ayuda de Dios podamos continuar nuestra peregrinación ecuménica común", añadió.

El purpurado se refirió a María como modelo de la Iglesia, "elegida por Dios desde la eternidad", y se refirió a la cuestión de la salvación por la gracia divina y no por los méritos o esfuerzos propios, un punto que "ya no divide" a los cristianos, añadió.

Por otro lado, habló de la fidelidad de María a los pies de la cruz. "María es un ejemplo de discípulo. Dio pide nuestro sí en respuesta a su sí, que colaboremos con su obra salvadora", añadió.

Si los cristianos siguen divididos, afirmó el cardenal Kasper, es "porque nuestro amor y nuestra fe se han debilitado. Cada vez que el pensamiento del mundo y sus parámetros manchan a la Iglesia, la unidad de la Iglesia se encuentra en peligro".
"María no nos guía hacia lo que agrada a todos, sino a los pies de la cruz. Por tanto, tomémosla como ejemplo, y de esa forma daremos pasos adelante en nuestra peregrinación ecuménica", añadió.

Por último, se refirió a la cuestión de la veneración a la Virgen y a los santos, cuestión que "provoca aún dificultades" entre los protestantes y anglicanos. "Pero como cualquier madre intercedería por sus hijos, y como toda madre, tras su muerte intercedería en el cielo y desde el cielo, también María acompaña a la Iglesia en su peregrinación", también "en el camino hacia la unidad".
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viernes, 26 de septiembre de 2008

SOBRE TÍ

“Es porque estoy contigo por lo que, cuando sobre ti hablo, lo hago desde Ti. También he comprobado que para hablar de Ti precisaba hablar contigo primero, por lo que en mis días de descanso analizaba, cuál sería el modo correcto de referirme a Ti”.

Como comprenderéis, cuando esto escribía estaba refiriéndome a la experiencia de Dios: a cómo se anhela, a cómo se experimenta, y a cómo desde ese momento comienza de un modo natural tu apostolado: tu determinación íntima y decidida a participar y compartir con otr@s el gozo de tu Amor.

Estoy convencida de que nuestras experiencias son una misma, y sin embargo diversos nuestros intentos de formulación.; pero esto no debe nunca despistarnos, puesto que lo importante no son las expresiones que utilicemos, sino la única experiencia a la que estamos convocad@s, y que tiene lugar para cada un@ en lo más íntimo de su intimidad.

Así, y en tanto que tratamos de compartirla,
o aunque nuestra libertad para expresarnos no tiene por qué verse coartada,
o por cuanto que nuestras expresiones son susceptibles de informar otras expectativas,
o han de ser contrastadas incesantemente con el contenido íntegro de la Revelación.

Es así, pues, que el dogma no es algo práctico, sino algo contrastado, siendo la responsabilidad de ese “contraste” de la Santa Sede.

Eso no quiere decir que, si algo se demuestra incoherente con el contenido de la Revelación y a la vista de pruebas concluyentes, los criterios del Magisterio no puedan ir evolucionando, ni quiere decir tampoco que no sea esa misma búsqueda de la verdad la que subyazca ante determinados enfoques de lo que pudiera juzgarse como “interpretaciones tradicionales y un tanto esclerotizadas” de los dogmas por parte de la Santa Sede.

Ahora ya os diré, que mediada mi experiencia personal, he encontrado en lo admitido como válido por el Magisterio de la Iglesia, no sólo luz y coherencia en sí mismo, sino realmente las pautas necesarias para seguir investigando cuanto me ha sido necesario para profundizar en mi fe, y en ese sentido yo lo recomiendo.

Nuestra fe tiene que ser adulta, y para ello hemos de hacer un ejercicio de interpretación y de interiorización de cuanto en Jesús Dios nos ha manifestado.

Cada uno lo hará a su manera, pero yo estimo mucho el papel de garante de la Iglesia…
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miércoles, 24 de septiembre de 2008

DE LA ESFERA Y LA CRUZ

Aquí tenéis una parábola sobre el laicismo y sus consecuencias. Está tomada del libro del mismo título de G. Chesterton –un converso inglés, gran escritor y agudo ensayista- escrito con gran hondura y sentido del humor, y cuya historia supongo que os sonará familiar.

“Una vez conocí a un hombre como usted, Lucifer -dijo articulando con lentitud y monotonía desesperantes-. Opinaba también...

-No existe otro hombre como yo-, gritó Lucifer con tal violencia que estremeció la nave.

-Como iba diciendo -continuó Miguel-, ese hombre opinaba también que el símbolo del cristianismo era un símbolo de barbarie y de sinrazón. Su historia es un tanto divertida. Viene a ser también una alegoría perfecta de lo qué les ocurre a los racionalistas como usted. Comenzó, por supuesto, negándose a tolerar un crucifijo en su casa, ni siquiera pintado, ni pendiente del cuello de su mujer. Decía, igual que usted, que era una forma arbitraria y fantástica, una monstruosidad, amada por ser paradójica. Después fue haciéndose cada vez más violento y excéntrico; quería derribar las cruces de los caminos, porque vivía en un país católico romano. Finalmente, en un acceso de furor trepó al campanario de la iglesia parroquial y arrancó la cruz, blandiéndola en el aire, y profiriendo atroces soliloquios, allá en lo alto, bajo las estrellas. Una tarde, todavía en verano, cuando se encaminaba a su casa por un caminito vallado, el demonio de su locura vino sobre él con esa violencia y demudación tan fuertes que trastruecan el mundo. Se había detenido un momento, fumando, delante de una empalizada interminable, cuando sus ojos se abrieron. Ninguna luz brillaba, no se movía una hoja, pero él vio, como en una mutación súbita del contorno, que la empalizada era un ejército innumerable de cruces ligadas unas a otras, de la colina al valle. Enarboló el garrote y se fue contra ellas, como contra un ejército. Y milla tras milla, en todo el camino hasta su casa, fue rompiéndolas y derribándolas. Porque aborrecía la cruz y cada empalizada era una pared de cruces. Cuando llegó a su casa estaba completamente loco. Se dejó caer en una silla, y luego se alzó de ella porque los travesaños del maderamen repetían la imagen, insufrible. Se arrojó en una cama, lo que sirvió para recordarle que la cama, igual que todas las cosas labradas por el hombre, correspondía al diseño maldito. Rompió los muebles, porque estaban hechos de cruces. Pegó fuego a la casa, porque estaba hecha de cruces. En el río lo encontraron.

Lucifer le miraba mordiéndose un labio.

-¿Es verdad esa historia?- preguntó.

-¡Oh, no! -dijo Miguel vivamente-. Es una parábola. Es la parábola de todos los racionalistas como usted. Empiezan ustedes rompiendo la cruz, y concluyen destrozando el mundo habitable. Les dejamos a ustedes diciendo que nadie debe ir a la iglesia contra su voluntad: Cuando les encontremos de nuevo estarán ustedes diciendo que nadie tiene la menor voluntad de ir a ella. Les dejamos a ustedes diciendo que no existe el lugar llamado Edén. Les encontramos diciendo que no existe el lugar llamado Irlanda. Parten ustedes odiando lo racional y llegan a odiarlo todo, porque todo es irracional, y...

De La esfera y la cruz, de G. K. Chesterton"
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domingo, 21 de septiembre de 2008

POR ALUSIONES (II)

Seguimos en esta ocasión con la revisión de las cuestiones que se nos planteaban con el escrito de retractación del Sr. Álvarez, comenzando con la tercera de ellas…

3.- Yo había afirmado que, con las enseñanzas de Cristo, el valor doctrinal del libro de Job había sido superado, pues este libro fue escrito cuatrocientos años antes de la venida de Cristo, y su autor no conocía las novedosas enseñanzas de Jesús respecto del sufrimiento. También afirmé que, con las enseñanzas de Cristo, el valor de los diez mandamientos había sido superado, pues éstos fueron enseñados por Moisés para el pueblo judío, mientras que Jesús afirma en el Sermón de la montaña (Mt 5) que los cristianos no deben basarse en los diez mandamientos sino mostrar una conducta superior. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica de que, con la aparición del Nuevo Testamento, el valor doctrinal del libro de Job o de los diez mandamientos no fue superado (CIC 123).

® No es que el Libro de Job o los Diez Mandamientos fueran o no superados por el N.T., sino que –como decía en alguna intervención anterior- teniendo en cuenta que la profecía es una proyección del futuro en el pasado, que anima ese pasado pero que no será descubierta como profética hasta que se haya realizado en el futuro, tanto el Libro de Job como los Diez Mandamientos -y como todo el A.T. interpreto yo- son profecía de lo que se habría de concretar en la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret (N.T.). Por eso dice Jesús que Él no ha venido a abolir la Ley, sino a darla cumplimiento…

4.- Yo había afirmado que los primeros capítulos del Génesis (el relato de Adán y Eva, de Caín y Abel, del arca de Noé) no contienen historia en el sentido moderno de la palabra, sino que pertenecen a un género literario especial, con el que se pretende transmitir más bien unas enseñanzas sobre el origen del hombre y del pecado en el mundo. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que, no obstante los géneros literarios, estos capítulos contienen relatos históricos.

® El carácter histórico que se pretende, no deriva de la aplicación del método histórico, le diría yo al Sr. Álvarez –es decir, no se refleja en el “sentido moderno” de la palabra-.
Sin embargo, lo que creo que pretende mantener la Iglesia es el carácter histórico de algo que aconteció en un momento u otro de la historia, entiéndase:
a) la creación de los seres humanos con y por encima de la materia orgánica y/o animada,
b) la comunión en ese estadio de estos seres con la vida de Dios,
c) la pérdida consciente y voluntaria de esa condición,
d) la avaricia de los seres humanos aún por encima del respeto a su propia especie,
e) o la alianza de Dios con los seres humanos como paso previo a la recreación que posteriormente tendría lugar en la persona de Jesús de Nazaret.

Todos estos acontecimientos son como capítulos novelados de la Historia de la Redención, que no hacen sino hablarnos de la Historia misma, o eso es al menos la interpretación que yo le doy.

5.- Yo había afirmado que el relato de la anunciación del Evangelio de San Lucas, es decir, la narración de un ángel que entra volando en la casa de María y conversa físicamente con ella, realmente no existió de esa manera, sino que Lucas empleó un género literario especial para contarlo, llamado “relato de anunciación”, frecuentemente empleado en otras partes de la Biblia. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que el relato de la anunciación realmente tuvo lugar en la historia tal como lo cuenta San Lucas.

® Si tenemos en cuenta que la Vida de Dios y el modo de transmitirla no son ni se realizan de una forma tangible, a mí me resulta perfectamente lógico que las cosas tuvieran lugar en un modo y con unas circunstancias que ni siquiera imagino…

6.- Yo había afirmado que la idea de la virginidad de María “durante el parto” (es decir, el hecho de que no hubo ruptura de himen) está basada en los evangelios apócrifos, y que el parto de María en este sentido debió de haber sido normal, como el de toda muchacha, ya que esto no añade ni quita nada a la grandeza de María, así como no afecta al hecho de su virginidad perpetua. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia, de que María se mantuvo virgen incluso durante el parto (CIC 499).

® Y lo mismo diría en este punto, pero con una precisión: Yo concibo que Dios “animase” una vida humana en el vientre de la Santísima Virgen María sin necesidad de semen alguno, como tampoco lo necesitó para la creación del género humano…
Así, se engendró el Hijo de Dios encarnado, que era a la vez el Hijo del Hombre divinizado.
Pero es que ese cuerpo “humano” tenía ya una materialidad que para nacer habría de atravesar el himen de Nuestra Señora, por lo que –y en base precisamente a la doble naturaleza del Hijo de Dios encarnado- yo también interpreto que después del parto el himen de la Virgen no podría permanecer intacto, aunque sí podría ser recompuesto pero me temo que no fueran por ahí los tiros.
También creo –como el Sr. Álvarez- que esto no afecta para nada a la Virginidad Perpetua de María, puesto que al hablar de ello no nos referimos a nada material, sino a la virginal entrega de María a la Voluntad de Dios, condición ésta que no se vio modificada ni antes, ni en medio, ni después del parto.

Además de esto, quiero aclarar dos afirmaciones que hice correctamente, pero que pueden ser malinterpretadas –nos dice el Sr. Álvarez-

7.- Al escribir yo que el relato de Adán y Eva comiendo del fruto prohibido en el Paraíso no era una narración histórica, sino que sólo pretendía transmitir una enseñanza religiosa, algunos han pensado que yo negaba con ello la doctrina del pecado original. Por eso quiero aclarar que nunca negué tal doctrina, sino que la sostengo y reafirmo, tal como enseña la Iglesia Católica.

8.- Al decir yo que todos los cristianos, por el hecho de ser bautizados, son sacerdotes de Jesucristo, algunos han pensado que yo sostenía que todos son igualmente sacerdotes de Jesucristo en el sentido ontológico. Por eso quiero aclarar que siempre creí, y que quise decir, que el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial son diferentes esencialmente, y participan de distinta manera del único sacerdocio de Cristo.

® En cuanto a estas dos afirmaciones (7 y 8) considero que el hecho de retractarse honra al Sr. Álvarez. Sólo restaría que fuera honesto y sincero.
Pienso que él y la Iglesia no están diciendo cosas contradictorias, aunque pienso también que según la interpretación o el modo de transmisión que ensayemos y teniendo en cuenta además el efecto limitador de las palabras, en ocasiones originamos con nuestras formulaciones “sesgos” que no consiguen sino apartarnos de una interpretación correcta del sentido primigenio del mensaje y en ese sentido debemos estar dispuestos –al menos en un principio- a aceptar una reconvención.
Eso no quita la libertad de conciencia que nos permite -en su caso- mantener nuestro juicio, pero parece que la posibilidad de ejercitarlo no sea factible –en principio- dentro de lo que es la Organización de la Iglesia.

9. Yo había afirmado en este espacio, que una vez muerto el ser humano, el alma no se separa del cuerpo. Que tal separación es una idea de la filosofía griega, que no aparece en el Nuevo Testamento, de donde tomamos el concepto de resurrección. También había afirmado que la resurrección se produce inmediatamente después de la muerte, porque después de la muerte no hay tiempo que esperar. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que, al morir, se produce la separación del alma y del cuerpo, y mientras el cuerpo cae en corrupción, el alma va al encuentro de Dios en espera de reunirse con su cuerpo glorificado (CIC 997).

Por lo tanto me retracto de estas afirmaciones que no están de acuerdo con lo que actualmente enseñanza la Iglesia Católica.

® En este apartado, a mí me gustaría decirle al Sr. Álvarez que cuando alguien fallece, lo que era como unión de cuerpo y alma deja de ser, yéndose degradando la materia y entrando a formar parte de otros grupos de materia, y yendo su alma a reunirse con Dios a la espera de que su cuerpo sea glorificado.

Quiere esto decir, que aunque a partir del momento del óbito el tiempo carece de virtualidad para ese ser, no es así si consideramos que es la humanidad y no el individuo quien será recreada con la definitiva llegada del Hijo del Hombre, momento éste en que tendrá lugar de nuevo la unión de cuerpo y alma de cada finad@, y la manifestación en ell@s y entre ell@s de acuerdo a los méritos o a la capacidad alcanzados de la Gloria de Dios.

Bueno, queridos amigos.

Hasta aquí llega mi reflexión. Como siempre os digo, tomadlo como un documento de trabajo sobre el que me encantará leer lo que tengáis que decir.
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viernes, 19 de septiembre de 2008

FRANCISCO Y CLARA. DOS ENAMORADOS, ¿PERO DE QUIEN?

Decía en un artículo anterior que concebía (como Julio Verne) que dos personas que mirando con los ojos del Amor reconocieran en sí mismas el Amor, indefectiblemente se enamorarían juntas. Veamos ahora cómo desarrolla el P. Cantalamessa este concepto. Para mí es un bellísimo canto a lo que dos personas, sabiéndose mutuamente complementarias pueden compartir, bien en unión o bien de un modo paralelo.

El artículo, aparecido en la revista Zenit de ayer, dice así:
“Se ha hecho cosa corriente hablar de la amistad entre Clara y Francisco en términos de amor humano. En su conocido ensayo sobre Enamoramiento y amor, Francisco Alberoni escribe que «la relación entre Santa Clara y San Francisco tiene todas las características de un enamoramiento transferido (o sublimado) a la divinidad». «Francisco y Clara», de Fabrizio Costa, la serie televisiva emitida en Rai Uno los días 6 y 7 de octubre, mejor tal vez que «Hermano Sol y Hermana Luna» de Zeffirelli, ha sabido evitar esta cesión al romanticismo, sin quitar nada a la belleza también humana de un encuentro así.

Como cualquier hombre, aunque sea santo, Francisco puede haber experimentado la atracción de la mujer y del sexo. Las fuentes refieren que para vencer una tentación de este tipo una vez el santo se arrojó en pleno invierno a la nieve. ¡Pero no se trataba de Clara! Cuando entre un hombre y una mujer hay unión en Dios, si es auténtica, excluye toda atracción de tipo erótico, sin que exista siquiera lucha. Es como refugiarse. Es otro tipo de relación. Entre Clara y Francisco había ciertamente un fortísimo vínculo también humano, pero de tipo paterno y filial, no esponsal. Francisco llamaba a Clara su «plantita», y Clara llamaba a Francisco «nuestro padre».

El entendimiento extraordinariamente profundo entre Francisco y Clara que caracteriza la epopeya franciscana no viene «de la carne y de la sangre». No es, por poner un ejemplo igualmente célebre, como aquél entre Eloisa y Abelardo. Si así hubiera sido, habría dejado tal vez una huella en la literatura, pero no en la historia de la santidad. Con una conocida expresión de Goethe, podríamos llamar a la de Francisco y Clara una «afinidad electiva», a condición de entender «electiva» no sólo en el sentido de personas que se han elegido recíprocamente, sino en el sentido de personas que han realizado la misma elección.

Antoine de Saint-Exupéry escribió que «amarse no quiere decir mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección». Clara y Francisco en verdad no pasaron la vida mirándose el uno al otro, estando bien juntos.

Intercambiaron poquísimas palabras, casi sólo las referidas en las fuentes. Había una estupenda discreción entre ellos, tanta que el santo a veces era amablemente reprochado por sus hermanos por ser demasiado duro con Clara.

Sólo al final de la vida vemos atenuarse este rigor en las relaciones y a Francisco buscar cada vez con mayor frecuencia consuelo y confirmación junto a su «Plantita». Es en San Damián donde se refugia próximo a la muerte, devorado por enfermedades, y está cerca de ella cuando entona el canto de Hermano Sol y Hermana Luna, con aquel elogio de «Hermana Agua», «útil y humilde y preciosa y casta», que parece escrito pensando en Clara.

En lugar de mirarse el uno al otro, Clara y Francisco miraron en la misma dirección. Y se sabe cuál fue para ellos esta «dirección». Clara y Francisco eran como los dos ojos que miran siempre en la misma dirección. Dos ojos no son sólo dos ojos, o sea, un ojo repetido; ninguno de los dos es sólo un ojo de reserva o de recambio. Dos ojos que contemplan el objeto desde ángulos diversos dan profundidad, relevancia al objeto, permiten «envolverlo» con la mirada. Así fue para Clara y Francisco. Contemplaron al mismo Dios, al mismo Señor Jesús, al mismo Crucificado, la misma Eucaristía, pero desde «ángulos», con dones y sensibilidad propios: los masculinos y los femeninos. Juntos percibieron más de lo que habrían podido hacer dos Franciscos o dos Claras.

Si existe una laguna en la serie sobre Francisco y Clara es tal vez la insuficiente relevancia prestada a la oración, y con ella a la dimensión sobrenatural de sus vidas. Una laguna probablemente inevitable cuando la vida de los santos se lleva a la pantalla. La oración es silencio, quietud, soledad, mientras que la palabra «cine» viene del griego kinema, ¡que significa movimiento! La excepción es la película «El gran silencio» sobre la vida de los cartujos, pero no resistiría en la pequeña pantalla.

En el pasado se tendía a presentar la personalidad de Clara demasiado subordinada a la de Francisco, precisamente como la «hermana Luna» que vive del reflejo de la luz del «hermano Sol». El ejemplo en este sentido es el libro publicado el verano pasado sobre «la amistad entre Francisco y Clara» (John M. Sweeney, Light in the Dark Age: the Friendship of Francis and Clare of Assisi, Paraclete Press 2007 ).

Tanto más es de elogiar, en la serie televisiva, la elección de presentar a Francisco y a Clara como dos vidas paralelas, que se entrecruzan y se desarrollan en sincronía, con igual espacio dado a uno y otro. Es la primera vez que ocurre de esta forma. Ello responde a la sensibilidad actual orientada a evidenciar la importancia de la presencia femenina en la historia, pero en nuestro caso corresponde a la realidad y no es algo forzado.

La escena que más me ha impactado al ver el preestreno de «Francisco y Clara» es la inicial, emblemática, una especie de clave de lectura de toda la historia. Francisco camina en un prado, Clara le sigue introduciendo sus pies, casi jugando, en las huellas que deja Francisco, y a su pregunta: «¿Estás siguiendo mis huellas?», responde luminosa: «No, otras mucho más profundas».

(P. Raniero Cantalamessa)"

¿No os parece, además, una grandísima reflexión sobre el celibato?...

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NUEVO ENLACE

Como podéis comprobar, acabo de incluir un enlace con el blog antiguo. Si tenéis curiosidad, podréis encontrar allí artículos francamente interesantes, no tanto por mí –y no creáis que es una falta de modestia- sino por el debate al que han dado lugar vuestras intervenciones.

Entre ellos se encuentra el de Francisco y Clara que cuelgo a continuación. En el blog antiguo, aparece en el apartado de las presentaciones, y si lo leéis en esa ubicación, comprobaréis lo que os digo de los comentarios…
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