Nos encontramos en esta ocasión con una intervención de nuestro amigo Luis. Para poder leerla, y para poder participar si lo consideráis conveniente, tendríais que pinchar en "comentarios".
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martes, 16 de septiembre de 2008
LA HOMOSEXUALIDAD Y EL CARDENAL NEWMAN
Estoy en estos días leyendo un libro de Jean Guitton en el que las referencias al cardenal Newman (anglicano converso y cuya causa de beatificación se está siguiendo en la actualidad) son constantes. Por ello me han llamado la atención algunas opiniones vertidas sobre su supuesta homosexualidad...
Para su principal biógrafo, Ian Ker, la afirmación de que el cardenal J.H. Newman podría haber mantenido una relación “algo más que amistosa” con su asistente –el sacerdote Ambrose St. John- no tiene fundamento.
Sus declaraciones –aparecidas en el diario L’Osservatore Romano- responden a declaraciones de lobbies homosexuales, y la polémica se desató con la decisión del Gobierno británico, el pasado 26 de agosto, de permitir la exhumación del cuerpo del cardenal con vistas a su futura beatificación, ya que Newman pidió ser enterrado junto a su asistente, el sacerdote Ambrose St John.
Para Ker, esta última voluntad del cardenal no constituye una prueba de su homosexualidad, y pone el ejemplo de otros casos como el del escritor Clive S. Lewis, que quiso ser enterrado con su hermano, o el de Dorothy Collins, secretaria de los Chesterton, cuyos restos reposan junto al matrimonio.
El biógrafo de Newman recuerda que Ambrose St John fue muy amigo del cardenal y estuvo a su servicio durante treinta años.
"Newman se sentía responsable de su muerte, porque le había pedido traducir la obra del teólogo Joseph Fessler sobre la infalibilidad en la línea del Concilio Vaticano I, una última tarea que resultó demasiado pesada para él, ya sobrecargado de trabajo".
Ker recuerda que St John "fue el colaborador más estrecho de Newman durante el difícil periodo de la fundación del Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra, y en todas las sucesivas tribulaciones de Newman como católico".
Sobre las razones contrarias a la exhumación que aducen el respeto a la última voluntad del cardenal, el biógrafo explica que Newman "insistía siempre en que todos sus escritos podían ser corregidos por la santa madre Iglesia".
"Si la autoridad eclesiástica decide trasladar su cuerpo a una Iglesia, la respuesta de Newman sería sin duda que su último testamento, como todo lo que había escrito, lo había escrito bajo la corrección de una autoridad más alta", añade.
El cardenal Newman (1801-1890) está enterrado en el pequeño cementerio de Rednall Hill, en los suburbios de Birmingham, junto con su inseparable amigo Ambrose St. John, converso al catolicismo al mismo tiempo que él.
El purpurado, el más famoso converso inglés al catolicismo romano en el siglo XIX, fue en su etapa como anglicano una de las figuras principales del Movimiento de Oxford, que trató de aproximar la Iglesia Anglicana de Inglaterra a sus raíces católicas romanas.
Tras la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión, la Santa Sede pidió al Gobierno inglés la exhumación del cuerpo y su traslado al Oratorio San Felipe Neri de Birmingham, dentro de los requisitos del proceso de beatificación.
El celibato, un "sacrificio"
En lo tocante a la polémica sobre su orientación sexual, Ker relata cómo Newman, al realizar su personal voto de celibato a los quince años, hablaba de ello como un "sacrificio".
"No es necesario recordar que en aquella época no existían 'uniones civiles'. Newman, naturalmente, hablaba del matrimonio con una mujer y del 'sacrificio' que el celibato comportaba", añade.
Veinticinco años después, Newman se preguntaba por el "coste" de esta decisión, explica Ian Ker. Tras la grave enfermedad que padeció en Sicilia, Newman escribió: "Mientras escribo me asalta un pensamiento: ¿para qué escribo todo esto? (...) Sería el tipo de atención que puede dar una mujer y nadie más, y esta atención, así sea, nunca me será dada. (...) Dejo libremente la posesión de este afecto que, lo siento, no me ha sido y no me puede ser dado".
"En estas frases conmovedoras, escritas cuando todavía era ministro de la Iglesia de Inglaterra y plenamente libre de casarse, vemos el total empeño de Newman en la vida de virginidad a la que se sentía llamado de forma inequívoca, pero podemos advertir el profundo sufrimiento que sentía al renunciar al amor de una mujer en el matrimonio".
Estas reflexiones me han hecho recordar otras del P. Cantalamessa sobre la serie televisiva “Francisco y Clara”, de Fabrizio Costa, emitida en la R.A.I. el otoño pasado.
Por su especial belleza y puesto que algun@s de vosotr@s seréis nuevos en este blog, he pensado en la conveniencia de repetir su publicación…
… pero éso tendrá que ser mañana…
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Para su principal biógrafo, Ian Ker, la afirmación de que el cardenal J.H. Newman podría haber mantenido una relación “algo más que amistosa” con su asistente –el sacerdote Ambrose St. John- no tiene fundamento.
Sus declaraciones –aparecidas en el diario L’Osservatore Romano- responden a declaraciones de lobbies homosexuales, y la polémica se desató con la decisión del Gobierno británico, el pasado 26 de agosto, de permitir la exhumación del cuerpo del cardenal con vistas a su futura beatificación, ya que Newman pidió ser enterrado junto a su asistente, el sacerdote Ambrose St John.
Para Ker, esta última voluntad del cardenal no constituye una prueba de su homosexualidad, y pone el ejemplo de otros casos como el del escritor Clive S. Lewis, que quiso ser enterrado con su hermano, o el de Dorothy Collins, secretaria de los Chesterton, cuyos restos reposan junto al matrimonio.
El biógrafo de Newman recuerda que Ambrose St John fue muy amigo del cardenal y estuvo a su servicio durante treinta años.
"Newman se sentía responsable de su muerte, porque le había pedido traducir la obra del teólogo Joseph Fessler sobre la infalibilidad en la línea del Concilio Vaticano I, una última tarea que resultó demasiado pesada para él, ya sobrecargado de trabajo".
Ker recuerda que St John "fue el colaborador más estrecho de Newman durante el difícil periodo de la fundación del Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra, y en todas las sucesivas tribulaciones de Newman como católico".
Sobre las razones contrarias a la exhumación que aducen el respeto a la última voluntad del cardenal, el biógrafo explica que Newman "insistía siempre en que todos sus escritos podían ser corregidos por la santa madre Iglesia".
"Si la autoridad eclesiástica decide trasladar su cuerpo a una Iglesia, la respuesta de Newman sería sin duda que su último testamento, como todo lo que había escrito, lo había escrito bajo la corrección de una autoridad más alta", añade.
El cardenal Newman (1801-1890) está enterrado en el pequeño cementerio de Rednall Hill, en los suburbios de Birmingham, junto con su inseparable amigo Ambrose St. John, converso al catolicismo al mismo tiempo que él.
El purpurado, el más famoso converso inglés al catolicismo romano en el siglo XIX, fue en su etapa como anglicano una de las figuras principales del Movimiento de Oxford, que trató de aproximar la Iglesia Anglicana de Inglaterra a sus raíces católicas romanas.
Tras la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión, la Santa Sede pidió al Gobierno inglés la exhumación del cuerpo y su traslado al Oratorio San Felipe Neri de Birmingham, dentro de los requisitos del proceso de beatificación.
El celibato, un "sacrificio"
En lo tocante a la polémica sobre su orientación sexual, Ker relata cómo Newman, al realizar su personal voto de celibato a los quince años, hablaba de ello como un "sacrificio".
"No es necesario recordar que en aquella época no existían 'uniones civiles'. Newman, naturalmente, hablaba del matrimonio con una mujer y del 'sacrificio' que el celibato comportaba", añade.
Veinticinco años después, Newman se preguntaba por el "coste" de esta decisión, explica Ian Ker. Tras la grave enfermedad que padeció en Sicilia, Newman escribió: "Mientras escribo me asalta un pensamiento: ¿para qué escribo todo esto? (...) Sería el tipo de atención que puede dar una mujer y nadie más, y esta atención, así sea, nunca me será dada. (...) Dejo libremente la posesión de este afecto que, lo siento, no me ha sido y no me puede ser dado".
"En estas frases conmovedoras, escritas cuando todavía era ministro de la Iglesia de Inglaterra y plenamente libre de casarse, vemos el total empeño de Newman en la vida de virginidad a la que se sentía llamado de forma inequívoca, pero podemos advertir el profundo sufrimiento que sentía al renunciar al amor de una mujer en el matrimonio".
Estas reflexiones me han hecho recordar otras del P. Cantalamessa sobre la serie televisiva “Francisco y Clara”, de Fabrizio Costa, emitida en la R.A.I. el otoño pasado.
Por su especial belleza y puesto que algun@s de vosotr@s seréis nuevos en este blog, he pensado en la conveniencia de repetir su publicación…
… pero éso tendrá que ser mañana…
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domingo, 14 de septiembre de 2008
POR ALUSIONES (I)
De vuestras últimas intervenciones en el artículo de Pagola, he ampliado y estructurado unas preguntas y respuestas intercambiadas con Joaquim que tienen mucho que ver con la nota de retractación de D. Ariel Álvarez cuyo contenido analizaremos a continuación. No trataremos de defender ni de atacar a nadie, sino de hacer valer –que no de hacer prevalecer- nuestras razones en un ejercicio de Apologética a la que me encantaría nos aficionásemos.
Las preguntas y respuestas son las que aquí figuran, y en cuanto al texto de la retractación, su contenido íntegro lo tenéis en el comentario nº 18 del artículo EL EPÍLOGO DE PAGOLA.
1. ¿Los relatos del Génesis son históricos?
® Son relatos escritos en un momento u otro de la historia y en ese sentido historiables.
La primera respuesta, la verdad, no dice gran cosa, pero no dice lo que la Iglesia dice: que dichos relatos (hasta Abraham, es decir, Adán y Eva, Caín y Abel, la Torre de Babel) contienen relatos históricos. Ahí te podría caer un palo.
® Yo no lo creo, querido Joaquim, porque si por histórico se entiende algo que aconteció aunque no pueda datarse ni someterse a prueba alguna con el C14, yo también interpreto que son acontecimientos históricos.
2. ¿Jesús era laico o sacerdote?
® Jesús es el Sacerdote de la Nueva Alianza. Él es quien ofrece la víctima y quien la regenera al mismo tiempo.
La segunda, la respeto, pero no creo que el interesado se encontrase cómodo con tal interpretación. Esto es más personal.
® No cabe aquí la discrecionalidad, querido amigo: El Cristo es quien renueva -es decir, quien renueva y en quien se hace de nuevo realidad- la alianza de los seres humanos con Dios.
3. ¿Que qué es lo que redime, el dolor o el amor?
® Lo que redime es el Amor de Dios, hecho realidad en Cristo, y supuesta nuestra ordenación a Él.
La tercera, lo siento, pero es contraria a la enseñanza de la Iglesia de que el sufrimiento tiene un dolor salvífico. Ahí podría ir otro palo.
® Tampoco en esta ocasión lo creo porque el sufrimiento, querido amigo, ni es querido por Dios ni tiene valor salvífico alguno. Es una consecuencia de la pérdida de nuestra incorruptibilidad tanto anímica como física. Lo alcanza sin embargo en cuanto que asumido como participación en la pasión y muerte –y en lo que después será resurrección- de Cristo. Esto conviene tenerlo muy claro…
4. ¿A Dios dónde hay que adorarle, en las iglesias católicas o en espíritu y en verdad como manda el Evangelio de Juan?
® A Dios se le encuentra en nuestro interior. Es ahí donde debe buscarle el buen contemplativo (como diría San Juan de la Cruz). De esa intimidad surgen las mociones del Espíritu Santo (que es de lo que nos habla el Evangelio del otro Juan –el Evangelista- cuando nos dice que hemos de adorarle en espíritu), que para contextualizarse habrán de contrastarse con la autorrevelación que Dios hace de sí mismo en el conjunto de la revelación (coherente consigo misma y de la que también nos habla la frase de San Juan cuando nos dice que ha de adorársele en la verdad.)
Con la cuarta estoy esencialmente de acuerdo, pues “donde se reúnen dos o tres en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”, pero para esto no hacen falta intermediarios, ¿no crees? Ya sabes que a los místicos siempre se les ha mirado de reojo, no sé si caería el palo pero cuidadín
® No era exactamente eso lo que quería decir, querido Joaquim; pero te diré que para contrastar nuestras mociones con la realidad, nos es necesario tanto la Revelación como la comunidad.
Vamos ahora con el escrito de retractación del Sr. Álvarez.
Comienza diciendo que se sabe y se siente miembro de una Iglesia a la que ama y aspira a seguir unido desde su ministerio, pasando a continuación y a petición expresa de la Santa Sede, a corregir algunas de sus interpretaciones. Nosotros vamos sencillamente a tratar de entenderlo.
En el primero de los apartados el Sr. Álvarez dice así:
1.- Yo había afirmado que a Dios no le agrada el sufrimiento del hombre, que no lo manda, ni lo permite directamente, porque Dios salva mediante el amor y no mediante el dolor. Y que jamás puede entrar en la voluntad de Dios algo que pueda hacer sufrir al hombre. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que el sufrimiento tiene un valor salvífico.
® A la espera de vuestras opiniones, lo que yo le diría al Sr. Álvarez es que Dios nos crea, nos llama y nos convoca, desde el Amor y con el Amor; pero no nos salva sin nuestro amor, y eso pasa por que se lo consagremos por encima del dolor y de las circunstancias.
Es así como el sufrimiento adquiere un valor salvífico, y si así lo hacemos es como nos hacemos semejantes a Cristo y cobra para nosotros sentido la participación en su pasión, muerte y resurrección.
El dolor, el sufrimiento, la muerte, no son de Dios, sino que son -como le decía a Joaquim en la tercera de sus preguntas- consecuencia de la pérdida de la incorruptibilidad derivada de la participación en la vida de Dios, como efecto del pecado original.
Pienso que éste es el modo correcto de entender, tanto lo que nos dice la Iglesia Católica, como lo que con mayor o meno acierto ha intentado interpretar el Sr. Álvarez, ¿no lo creéis vosotros así?
Vamos a pasar ahora a la segunda de sus interpretaciones, que dice así:
2.- Yo había afirmado que Dios siempre hace milagros, pero no suspendiendo ni superando las leyes de la naturaleza, pues estas leyes están bien hechas por Dios, y no hay necesidad de suspenderlas; que Dios cuando hace milagros los hace a través de las mismas leyes de la naturaleza, muchas de ellas desconocidas por el hombre, por eso a veces tenemos la impresión de que éstas se “suspenden”. Y que esta explicación no minimiza en absoluto el poder de Dios, al contrario, lo afianza y engrandece. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que los milagros, en cuanto suspensión de las leyes naturales, son posibles.
® Las expresiones del Sr. Álvarez son bellísimas, ¿no lo creéis así?
Sin embargo, lo que yo le diría sobre este punto es que, puesto que creemos que Dios es Espíritu Puro, y que su forma de actuar (el Espíritu Santo –plasmación del poder ilimitado de Dios en el Hijo-) no se ve constreñida por los condicionantes espacio-temporales de la materia, no tiene por qué extrañarnos que la misma no se manifieste necesariamente de forma tangible, puesto que bajo su actuación las leyes de la naturaleza material se verían no sólo superadas, sino que también perfeccionadas y sin suponer ningún obstáculo para su concreción.
No se vosotros lo que opinaréis, pero como parece que esto se va alargando un poquito, vamos a repartir el contenido de este artículo en diferentes apartados, ¿os parece bien?
De todos modos, yo creo que en éste ya hemos dejado distintos puntos abiertos para opinar. Ahora vosotros diréis...
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Las preguntas y respuestas son las que aquí figuran, y en cuanto al texto de la retractación, su contenido íntegro lo tenéis en el comentario nº 18 del artículo EL EPÍLOGO DE PAGOLA.
1. ¿Los relatos del Génesis son históricos?
® Son relatos escritos en un momento u otro de la historia y en ese sentido historiables.
La primera respuesta, la verdad, no dice gran cosa, pero no dice lo que la Iglesia dice: que dichos relatos (hasta Abraham, es decir, Adán y Eva, Caín y Abel, la Torre de Babel) contienen relatos históricos. Ahí te podría caer un palo.
® Yo no lo creo, querido Joaquim, porque si por histórico se entiende algo que aconteció aunque no pueda datarse ni someterse a prueba alguna con el C14, yo también interpreto que son acontecimientos históricos.
2. ¿Jesús era laico o sacerdote?
® Jesús es el Sacerdote de la Nueva Alianza. Él es quien ofrece la víctima y quien la regenera al mismo tiempo.
La segunda, la respeto, pero no creo que el interesado se encontrase cómodo con tal interpretación. Esto es más personal.
® No cabe aquí la discrecionalidad, querido amigo: El Cristo es quien renueva -es decir, quien renueva y en quien se hace de nuevo realidad- la alianza de los seres humanos con Dios.
3. ¿Que qué es lo que redime, el dolor o el amor?
® Lo que redime es el Amor de Dios, hecho realidad en Cristo, y supuesta nuestra ordenación a Él.
La tercera, lo siento, pero es contraria a la enseñanza de la Iglesia de que el sufrimiento tiene un dolor salvífico. Ahí podría ir otro palo.
® Tampoco en esta ocasión lo creo porque el sufrimiento, querido amigo, ni es querido por Dios ni tiene valor salvífico alguno. Es una consecuencia de la pérdida de nuestra incorruptibilidad tanto anímica como física. Lo alcanza sin embargo en cuanto que asumido como participación en la pasión y muerte –y en lo que después será resurrección- de Cristo. Esto conviene tenerlo muy claro…
4. ¿A Dios dónde hay que adorarle, en las iglesias católicas o en espíritu y en verdad como manda el Evangelio de Juan?
® A Dios se le encuentra en nuestro interior. Es ahí donde debe buscarle el buen contemplativo (como diría San Juan de la Cruz). De esa intimidad surgen las mociones del Espíritu Santo (que es de lo que nos habla el Evangelio del otro Juan –el Evangelista- cuando nos dice que hemos de adorarle en espíritu), que para contextualizarse habrán de contrastarse con la autorrevelación que Dios hace de sí mismo en el conjunto de la revelación (coherente consigo misma y de la que también nos habla la frase de San Juan cuando nos dice que ha de adorársele en la verdad.)
Con la cuarta estoy esencialmente de acuerdo, pues “donde se reúnen dos o tres en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”, pero para esto no hacen falta intermediarios, ¿no crees? Ya sabes que a los místicos siempre se les ha mirado de reojo, no sé si caería el palo pero cuidadín
® No era exactamente eso lo que quería decir, querido Joaquim; pero te diré que para contrastar nuestras mociones con la realidad, nos es necesario tanto la Revelación como la comunidad.
Vamos ahora con el escrito de retractación del Sr. Álvarez.
Comienza diciendo que se sabe y se siente miembro de una Iglesia a la que ama y aspira a seguir unido desde su ministerio, pasando a continuación y a petición expresa de la Santa Sede, a corregir algunas de sus interpretaciones. Nosotros vamos sencillamente a tratar de entenderlo.
En el primero de los apartados el Sr. Álvarez dice así:
1.- Yo había afirmado que a Dios no le agrada el sufrimiento del hombre, que no lo manda, ni lo permite directamente, porque Dios salva mediante el amor y no mediante el dolor. Y que jamás puede entrar en la voluntad de Dios algo que pueda hacer sufrir al hombre. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que el sufrimiento tiene un valor salvífico.
® A la espera de vuestras opiniones, lo que yo le diría al Sr. Álvarez es que Dios nos crea, nos llama y nos convoca, desde el Amor y con el Amor; pero no nos salva sin nuestro amor, y eso pasa por que se lo consagremos por encima del dolor y de las circunstancias.
Es así como el sufrimiento adquiere un valor salvífico, y si así lo hacemos es como nos hacemos semejantes a Cristo y cobra para nosotros sentido la participación en su pasión, muerte y resurrección.
El dolor, el sufrimiento, la muerte, no son de Dios, sino que son -como le decía a Joaquim en la tercera de sus preguntas- consecuencia de la pérdida de la incorruptibilidad derivada de la participación en la vida de Dios, como efecto del pecado original.
Pienso que éste es el modo correcto de entender, tanto lo que nos dice la Iglesia Católica, como lo que con mayor o meno acierto ha intentado interpretar el Sr. Álvarez, ¿no lo creéis vosotros así?
Vamos a pasar ahora a la segunda de sus interpretaciones, que dice así:
2.- Yo había afirmado que Dios siempre hace milagros, pero no suspendiendo ni superando las leyes de la naturaleza, pues estas leyes están bien hechas por Dios, y no hay necesidad de suspenderlas; que Dios cuando hace milagros los hace a través de las mismas leyes de la naturaleza, muchas de ellas desconocidas por el hombre, por eso a veces tenemos la impresión de que éstas se “suspenden”. Y que esta explicación no minimiza en absoluto el poder de Dios, al contrario, lo afianza y engrandece. Sin embargo, esto no coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica, de que los milagros, en cuanto suspensión de las leyes naturales, son posibles.
® Las expresiones del Sr. Álvarez son bellísimas, ¿no lo creéis así?
Sin embargo, lo que yo le diría sobre este punto es que, puesto que creemos que Dios es Espíritu Puro, y que su forma de actuar (el Espíritu Santo –plasmación del poder ilimitado de Dios en el Hijo-) no se ve constreñida por los condicionantes espacio-temporales de la materia, no tiene por qué extrañarnos que la misma no se manifieste necesariamente de forma tangible, puesto que bajo su actuación las leyes de la naturaleza material se verían no sólo superadas, sino que también perfeccionadas y sin suponer ningún obstáculo para su concreción.
No se vosotros lo que opinaréis, pero como parece que esto se va alargando un poquito, vamos a repartir el contenido de este artículo en diferentes apartados, ¿os parece bien?
De todos modos, yo creo que en éste ya hemos dejado distintos puntos abiertos para opinar. Ahora vosotros diréis...
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sábado, 13 de septiembre de 2008
LA CRUZ QUE NO APLASTA, ENSALZA
De nuevo el hermosísimo y locuaz mensaje del P. Cantalamessa para el Domingo 24 del Teimpo Ordinario. Las lecturas correspondientes son: Números 21, 4-9; Filipenses 2, 6-11; Juan 3, 13-17, y os recomiendo que no os lo perdáis.
Igual que Moisés levantó una serpiente en el desierto...
Actualmente la cruz ya no se presenta a los fieles en su aspecto de sufrimiento, de dura necesidad de la vida o incluso como un camino para seguir a Cristo, sino en su aspecto glorioso, como motivo de honor, no de llanto. Ante todo digamos algo sobre el origen de esta fiesta. Recuerda dos acontecimientos distantes en el tiempo. El primero es la inauguración, por parte del emperador Constantino, de dos basílicas, una en el Gólgota, otra en el sepulcro de Cristo, en el año 325. El otro suceso, en el siglo VII, es la victoria cristiana contra los persas, que llevó a la recuperación de las reliquias de la cruz y su devolución triunfal a Jerusalén. Sin embargo con el paso del tiempo la fiesta ha adquirido un significado autónomo. Se ha convertido en una celebración gloriosa del misterio de la cruz, que siendo instrumento de ignominia y de suplicio, Cristo transformó en instrumento de salvación.
Las lecturas reflejan esta perspectiva. La segunda lectura vuelve a proponer el célebre himno de l a Carta a los Filipenses, donde se contempla la cruz como el motivo de la mayor "exaltación" de Cristo: "Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre".
También el Evangelio habla de la cruz como del momento en el que "el Hijo del hombre ha sino levantado para que todo el que crea tenga por Él vida eterna".
Ha habido, en la historia, dos modos fundamentales de representar la cruz y el crucifijo. Los llamamos, por comodidad, el modo antiguo y el moderno. El modo antiguo, que se puede admirar en los mosaicos de las antiguas basílicas y en los crucifijos del arte románico, es glorioso, festivo, lleno de majestad. La cruz, frecuentemente sola, sin crucifijo, aparece constelada de gemas, proyectada en un cielo estrellado, y bajo ella la inscripción: "Salvación del mundo, salus mundi", como en un célebre mosaico de Rávena.
En los crucifijos de madera del arte románico, este tipo de representación se expresa en el Cristo que reina con vestiduras reales y sacerdotales desde la cruz, con los ojos abiertos, la mirada al frente, sin sombra de sufrimiento, sino radiante de majestad y victoria, ya no coronado de espinas, sino de gemas. Es la traducción del versículo del salmo: "Dios reinó desde el madero"(regnavit a ligno Deus). Jesús hablaba de su cruz en estos mismos términos: como el momento de su "exaltación": "Y yo cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32).
La forma moderna comienza con el arte gótico y se acentúa cada vez más, hasta convertirse en el modo ordinario de representar el crucifijo. Un ejemplo extremo es la crucifixión de Matthias Grünewald en el Altar de Isenheim. Las manos y los pies se retuercen como zarzas alrededor de los clavos, la cabeza agoniza bajo un haz de espinos, el cuerpo cubierto de llagas. Igualmente los crucifijos de Velázquez y de Dalí y de muchos otros pertenecen a este tipo.
Los dos modos evidencian un aspecto verdadero del misterio. La forma moderna -dramática, realista, desgarradora- representa la cruz vista, por así decirlo, por delante, "de cara", en su cruda realidad, en el momento en que se muere en ella. La cruz como símbolo del mal, del sufrimiento del mundo y de la tremenda realidad de la muerte. La cruz se representa aquí "en sus causas", esto es, en aquello que, habitualmente, la ocasiona: el odio, la maldad, la injusticia, el pecado.
El mundo antiguo evidenciaba no las causas, sino los efectos de la cruz; no aquello que produce la cruz, sino lo que es producido por la cruz: reconciliación, paz, gloria, seguridad, vida eterna. La cruz que Pablo define "gloria" u "honor" del creyente. La festividad del 14 de septiembre se llama "exaltación" de la cruz porque celebra precisamente este aspecto "exaltante" de la cruz.
Hay que unir, a la forma moderna de considerar la cruz, y la antigua: redescubrir la cruz gloriosa. Si en el momento en que se experimentaba la prueba, podía ser útil pensar en Jesús clavado en la cruz entre dolores y espasmos, porque esto hacía que lo sintiéramos cercano a nuestro dolor, ahora hay que pensar en la cruz de otro modo. Me explico con un ejemplo. Hemos perdido recientemente a una persona querida, tal vez después de meses de gran sufrimiento. Pues bien: no hay que seguir pensando en ella como estaba en su lecho, en tal circunstancia, en tal otra, a qué punto se había reducido al final, qué hacía, qué decía, tal vez torturando mente y corazón, alimentando inútiles sentimientos de culpa. Todo esto ha terminado, ya no existe, es irreal; actuando así no hacemos más que prolongar el sufrimiento
y conservarla artificialmente con vida.
Hay madres (no lo digo para juzgarlas, sino para ayudarlas) que después de haber acompañado durante años a un hijo en su calvario, cuando el Señor lo ha llamado consigo, rechazan vivir de otra forma. En casa todo debe permanecer como estaba en el momento de la muerte del hijo; todo debe hablar de él; visitas continuas al cementerio. Si hay otros niños en la familia, deben adaptarse a vivir también ellos en este clima tapizado de muerte, con grave perjuicio psicológico. Cada manifestación de alegría en casa les parece una profanación. Estas personas son las que necesitan más descubrir el sentido de la fiesta del 14 de septiembre: la exaltación de la cruz. Ya no eres tú quien lleva la cruz, sino la cruz quien te lleva a ti; la cruz que no te aplasta, sino que te levanta.
Hay que pensar en la persona querida como es ahora que "todo ha terminado". Así hacían con Jesús los artistas antiguos. Lo contemplaban como es ahora, como está: resucitado, glorioso, feliz, sereno, sentado en el mismo trono de Dios, con el Padre que ha "enjugado toda lágrima de sus ojos" y le ha dado "todo poder en los cielos y en la tierra". Ya no entre los espasmos de la agonía y de la muerte. No digo que se pueda siempre dominar el propio corazón e impedir que sangre con el recuerdo de lo sucedido, pero hay que procurar que prevalezca la consideración de fe. Si no, ¿para qué sirve la fe?
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Igual que Moisés levantó una serpiente en el desierto...
Actualmente la cruz ya no se presenta a los fieles en su aspecto de sufrimiento, de dura necesidad de la vida o incluso como un camino para seguir a Cristo, sino en su aspecto glorioso, como motivo de honor, no de llanto. Ante todo digamos algo sobre el origen de esta fiesta. Recuerda dos acontecimientos distantes en el tiempo. El primero es la inauguración, por parte del emperador Constantino, de dos basílicas, una en el Gólgota, otra en el sepulcro de Cristo, en el año 325. El otro suceso, en el siglo VII, es la victoria cristiana contra los persas, que llevó a la recuperación de las reliquias de la cruz y su devolución triunfal a Jerusalén. Sin embargo con el paso del tiempo la fiesta ha adquirido un significado autónomo. Se ha convertido en una celebración gloriosa del misterio de la cruz, que siendo instrumento de ignominia y de suplicio, Cristo transformó en instrumento de salvación.
Las lecturas reflejan esta perspectiva. La segunda lectura vuelve a proponer el célebre himno de l a Carta a los Filipenses, donde se contempla la cruz como el motivo de la mayor "exaltación" de Cristo: "Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre".
También el Evangelio habla de la cruz como del momento en el que "el Hijo del hombre ha sino levantado para que todo el que crea tenga por Él vida eterna".
Ha habido, en la historia, dos modos fundamentales de representar la cruz y el crucifijo. Los llamamos, por comodidad, el modo antiguo y el moderno. El modo antiguo, que se puede admirar en los mosaicos de las antiguas basílicas y en los crucifijos del arte románico, es glorioso, festivo, lleno de majestad. La cruz, frecuentemente sola, sin crucifijo, aparece constelada de gemas, proyectada en un cielo estrellado, y bajo ella la inscripción: "Salvación del mundo, salus mundi", como en un célebre mosaico de Rávena.
En los crucifijos de madera del arte románico, este tipo de representación se expresa en el Cristo que reina con vestiduras reales y sacerdotales desde la cruz, con los ojos abiertos, la mirada al frente, sin sombra de sufrimiento, sino radiante de majestad y victoria, ya no coronado de espinas, sino de gemas. Es la traducción del versículo del salmo: "Dios reinó desde el madero"(regnavit a ligno Deus). Jesús hablaba de su cruz en estos mismos términos: como el momento de su "exaltación": "Y yo cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32).
La forma moderna comienza con el arte gótico y se acentúa cada vez más, hasta convertirse en el modo ordinario de representar el crucifijo. Un ejemplo extremo es la crucifixión de Matthias Grünewald en el Altar de Isenheim. Las manos y los pies se retuercen como zarzas alrededor de los clavos, la cabeza agoniza bajo un haz de espinos, el cuerpo cubierto de llagas. Igualmente los crucifijos de Velázquez y de Dalí y de muchos otros pertenecen a este tipo.
Los dos modos evidencian un aspecto verdadero del misterio. La forma moderna -dramática, realista, desgarradora- representa la cruz vista, por así decirlo, por delante, "de cara", en su cruda realidad, en el momento en que se muere en ella. La cruz como símbolo del mal, del sufrimiento del mundo y de la tremenda realidad de la muerte. La cruz se representa aquí "en sus causas", esto es, en aquello que, habitualmente, la ocasiona: el odio, la maldad, la injusticia, el pecado.
El mundo antiguo evidenciaba no las causas, sino los efectos de la cruz; no aquello que produce la cruz, sino lo que es producido por la cruz: reconciliación, paz, gloria, seguridad, vida eterna. La cruz que Pablo define "gloria" u "honor" del creyente. La festividad del 14 de septiembre se llama "exaltación" de la cruz porque celebra precisamente este aspecto "exaltante" de la cruz.
Hay que unir, a la forma moderna de considerar la cruz, y la antigua: redescubrir la cruz gloriosa. Si en el momento en que se experimentaba la prueba, podía ser útil pensar en Jesús clavado en la cruz entre dolores y espasmos, porque esto hacía que lo sintiéramos cercano a nuestro dolor, ahora hay que pensar en la cruz de otro modo. Me explico con un ejemplo. Hemos perdido recientemente a una persona querida, tal vez después de meses de gran sufrimiento. Pues bien: no hay que seguir pensando en ella como estaba en su lecho, en tal circunstancia, en tal otra, a qué punto se había reducido al final, qué hacía, qué decía, tal vez torturando mente y corazón, alimentando inútiles sentimientos de culpa. Todo esto ha terminado, ya no existe, es irreal; actuando así no hacemos más que prolongar el sufrimiento
y conservarla artificialmente con vida.
Hay madres (no lo digo para juzgarlas, sino para ayudarlas) que después de haber acompañado durante años a un hijo en su calvario, cuando el Señor lo ha llamado consigo, rechazan vivir de otra forma. En casa todo debe permanecer como estaba en el momento de la muerte del hijo; todo debe hablar de él; visitas continuas al cementerio. Si hay otros niños en la familia, deben adaptarse a vivir también ellos en este clima tapizado de muerte, con grave perjuicio psicológico. Cada manifestación de alegría en casa les parece una profanación. Estas personas son las que necesitan más descubrir el sentido de la fiesta del 14 de septiembre: la exaltación de la cruz. Ya no eres tú quien lleva la cruz, sino la cruz quien te lleva a ti; la cruz que no te aplasta, sino que te levanta.
Hay que pensar en la persona querida como es ahora que "todo ha terminado". Así hacían con Jesús los artistas antiguos. Lo contemplaban como es ahora, como está: resucitado, glorioso, feliz, sereno, sentado en el mismo trono de Dios, con el Padre que ha "enjugado toda lágrima de sus ojos" y le ha dado "todo poder en los cielos y en la tierra". Ya no entre los espasmos de la agonía y de la muerte. No digo que se pueda siempre dominar el propio corazón e impedir que sangre con el recuerdo de lo sucedido, pero hay que procurar que prevalezca la consideración de fe. Si no, ¿para qué sirve la fe?
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pedagogía teológica
martes, 9 de septiembre de 2008
2ª PREGUNTA FORMULADA
Nos encontramos en esta ocasión con una intervención de nuestro amigo JML. Para poder leerla, y para poder participar si lo consideráis conveniente, tendríais que pinchar en "comentarios".
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diálogo entre amigos
ATAR Y DESATAR
Remitiendo como siempre lo hago a lo que en realidad es la Iglesia, y salvedad hecha de las razones esgrimidas en el artículo anterior para argumentar la doble naturaleza del Hijo de Dios encarnado, cuestión ésta que justifica nuestra pertenencia a la misma, incluyo en esta ocasión y como tema de debate un comentario que nos remite un/a comunicante aún no localizad@, convencida como estoy de que su tema os interesará. Te agradecemos mucho tu intervención, querid@ amig@.
Digamos en primer lugar, que las perícopas sobre las que nuestr@ remitente opina, son tres de las que correspondían al Evangelio del pasado domingo (Mt. 18, 15-20), concretamente las que van de la 18 a la 20, las cuales dicen así:
“Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llega a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio estoy yo”. (La transcripción es suya)
El comentarista en cuestión argumenta así:
""No es extraño dar la mano a alguien y que, de propina, se tome también el pie. Lo que se dice “hacer de su capa un sayo”, ser un simple ciudadano de a pie que lleva capa y autoconvertirse en un militar con sayo, con la consiguiente fuerza y mando, es una realidad que, por desgracia, experimentamos frecuentemente. Hay en el corazón humano un secreto deseo de poderío al acecho de la primera oportunidad para ejercer. Para dominar al otro, cada uno se reviste de una cierta autoridad; cuanto mayor y más incontestable sea ésta, mayor será la capacidad de dominación que desarrolle.
De entre toas las dominaciones, hay una -¿la más peligrosa y temible?- que se ejerce en nombre de Dios, actuando directamente sobre la conciencia de los individuos. Ésta puede llegar a anular a las personas, haciendo de ellas muñecos de goma, fácilmente manejables y movibles, villanos llevados por el viento del poder religioso, adultos condenados a ser perennemente niños.
En nombre de Dios y bajo el signo de la Cruz, Constantino venció a Majencio junto al Puente Silvio. La cruz, símbolo de la mayor debilidad, se convierte con él en estandarte militar, alarido guerrero de muerte.
Los cruzados, impulsados por la jerarquía religiosa y al grito de “Dios lo quiere”, llegaron hasta Oriente, con la cruz en mano como arma, para conservar –muchas veces matando- los lugares que pisó Jesús nazareno el pacificador.
La Inquisición nacería más tarde para mantener bajo control con amenaza de hoguera, en nombre de Dios, a todos los librepensadores disidentes y discordantes del tiempo, algunos de ellos tal vez profetas subversivos de una abusiva dominación religiosa.
En nombre de Dios, Pío IX condenó el modernismo de un mundo que se abría a la libertad y al progreso y, con él, al filósofo alemán Frohschanuner por “conceder a la misma razón tal libertad de opinar de todo y atreverse a todo, que quedan suprimidos los derechos, el deber y la autoridad de la Iglesia misma” (Denzinger 1667-68)
La Iglesia, con su poder divino, por encima de la razón y de la libertad de opinión. En nombre de Dios, se ha amilanado al pueblo cristiano durante siglos, intimidándolo con las penas de u n infierno inextinguible. No usemos el nombre de Dios en vano.
Y todo ello se hacía basándose en el “poder de atar y desatar” que Jesús concedió a sus discípulos: “Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Sacada de contexto, esta frase de Jesús ha dado pie a innumerables abusos históricos por parte de la jerarquía eclesiástica. Un poder que reside en la comunidad, se ha ejercido sólo por los jerarcas. Un poder limitado al caso en que haya que excluir (=atar) o admitir (=desatar) de la comunidad a uno de sus miembros que la ha ofendido, se ha interpretado como poder de atar y desatar en cualquier campo o materia, incluso no religiosa. Poder de atar y desatar la conciencia y en conciencia. Poder tan absoluto no concedió Jesús a nadie, ni siquiera Él mismo lo ejerció.
Lo suyo era más bien desatar, liberar, dar vida. Desató al paralítico del lecho y del pecado, a los locos de sus demonios, a los enfermos de sus dolencias, al Pueblo del yugo de la ley. Incluso libró de su sentencia a la adúltera, condenada a muerte legal: “Vete y no peques más”. De atar, Jesús entendió poco. A todos invitaba: “Si quieres”… dejando siempre libre a cada uno para seguir el dictamen de su conciencia. No hay nada más grande en el orden humano que la libertad de actuar en conciencia. Ante ella, todo poder debe doblegarse"".
Su artículo llega hasta aquí.
A mí me gustaría ahora que reflexionásemos sobre la necesidad que tienen las conciencias de ser formadas, así como sobre qué papel desempeña el Magisterio de la Iglesia en el empeño (todo ello sin menoscabo de que cada un@ aporte lo que considere sobre lo que nuestr@ amable desconocid@ nos ha enviado).
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Digamos en primer lugar, que las perícopas sobre las que nuestr@ remitente opina, son tres de las que correspondían al Evangelio del pasado domingo (Mt. 18, 15-20), concretamente las que van de la 18 a la 20, las cuales dicen así:
“Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llega a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio estoy yo”. (La transcripción es suya)
El comentarista en cuestión argumenta así:
""No es extraño dar la mano a alguien y que, de propina, se tome también el pie. Lo que se dice “hacer de su capa un sayo”, ser un simple ciudadano de a pie que lleva capa y autoconvertirse en un militar con sayo, con la consiguiente fuerza y mando, es una realidad que, por desgracia, experimentamos frecuentemente. Hay en el corazón humano un secreto deseo de poderío al acecho de la primera oportunidad para ejercer. Para dominar al otro, cada uno se reviste de una cierta autoridad; cuanto mayor y más incontestable sea ésta, mayor será la capacidad de dominación que desarrolle.
De entre toas las dominaciones, hay una -¿la más peligrosa y temible?- que se ejerce en nombre de Dios, actuando directamente sobre la conciencia de los individuos. Ésta puede llegar a anular a las personas, haciendo de ellas muñecos de goma, fácilmente manejables y movibles, villanos llevados por el viento del poder religioso, adultos condenados a ser perennemente niños.
En nombre de Dios y bajo el signo de la Cruz, Constantino venció a Majencio junto al Puente Silvio. La cruz, símbolo de la mayor debilidad, se convierte con él en estandarte militar, alarido guerrero de muerte.
Los cruzados, impulsados por la jerarquía religiosa y al grito de “Dios lo quiere”, llegaron hasta Oriente, con la cruz en mano como arma, para conservar –muchas veces matando- los lugares que pisó Jesús nazareno el pacificador.
La Inquisición nacería más tarde para mantener bajo control con amenaza de hoguera, en nombre de Dios, a todos los librepensadores disidentes y discordantes del tiempo, algunos de ellos tal vez profetas subversivos de una abusiva dominación religiosa.
En nombre de Dios, Pío IX condenó el modernismo de un mundo que se abría a la libertad y al progreso y, con él, al filósofo alemán Frohschanuner por “conceder a la misma razón tal libertad de opinar de todo y atreverse a todo, que quedan suprimidos los derechos, el deber y la autoridad de la Iglesia misma” (Denzinger 1667-68)
La Iglesia, con su poder divino, por encima de la razón y de la libertad de opinión. En nombre de Dios, se ha amilanado al pueblo cristiano durante siglos, intimidándolo con las penas de u n infierno inextinguible. No usemos el nombre de Dios en vano.
Y todo ello se hacía basándose en el “poder de atar y desatar” que Jesús concedió a sus discípulos: “Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Sacada de contexto, esta frase de Jesús ha dado pie a innumerables abusos históricos por parte de la jerarquía eclesiástica. Un poder que reside en la comunidad, se ha ejercido sólo por los jerarcas. Un poder limitado al caso en que haya que excluir (=atar) o admitir (=desatar) de la comunidad a uno de sus miembros que la ha ofendido, se ha interpretado como poder de atar y desatar en cualquier campo o materia, incluso no religiosa. Poder de atar y desatar la conciencia y en conciencia. Poder tan absoluto no concedió Jesús a nadie, ni siquiera Él mismo lo ejerció.
Lo suyo era más bien desatar, liberar, dar vida. Desató al paralítico del lecho y del pecado, a los locos de sus demonios, a los enfermos de sus dolencias, al Pueblo del yugo de la ley. Incluso libró de su sentencia a la adúltera, condenada a muerte legal: “Vete y no peques más”. De atar, Jesús entendió poco. A todos invitaba: “Si quieres”… dejando siempre libre a cada uno para seguir el dictamen de su conciencia. No hay nada más grande en el orden humano que la libertad de actuar en conciencia. Ante ella, todo poder debe doblegarse"".
Su artículo llega hasta aquí.
A mí me gustaría ahora que reflexionásemos sobre la necesidad que tienen las conciencias de ser formadas, así como sobre qué papel desempeña el Magisterio de la Iglesia en el empeño (todo ello sin menoscabo de que cada un@ aporte lo que considere sobre lo que nuestr@ amable desconocid@ nos ha enviado).
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temas de debate
domingo, 7 de septiembre de 2008
EL EPÍLOGO DE PAGOLA
Queriendo liberar y regenerar de las mutilaciones del mal al género humano, el mismo Dios intervino tomando parte en esa naturaleza. Intervino en la persona del Hijo (como no podía ser de otro modo, pues es en la Persona del Hijo como Dios se nos comunica, comparte y relaciona) y lo hizo además en la persona de un ser humano (Jesús de Nazaret).
Aconteció, pues, la intersección de dos “personas” en el Cristo, siendo una de ellas (la del Hijo) el sujeto subsistente de tal unión.
Quiere esto decir, que sobre la naturaleza humana del Cristo “imperaba” su naturaleza divina (del mismo modo que sobre la naturaleza animal de un ser humano prima su naturaleza espiritual) siendo que
o la forma de actuar divina (el Espíritu Santo) inheriendo sobre la forma de actuar del ser humano Jesús, transformaba su forma de ser y de actuar de tal modo que era capaz
o no sólo de llegar a “intersectarse” con el ser de Dios,
o sino de hacerlo también con otros individuos de su misma especie transformando la forma de ser y de actuar de estos seres con el poder del Espíritu de Dios
Era el Espíritu de Dios quien se manifestaba y actuaba a través de su humanidad, y era a través de los efectos transeúntes de sus actos como la humanidad se veía divinizada supuesta siempre una correcta actuación.
Me ha parecido conveniente introducir esta exposición doctrinal a modo de personal respuesta a lo que nos sugiere el Sr. Pagola en el epílogo de su libro (nos conmina a preguntarnos en nuestra intimidad y sin intermediarios quién o qué es Jesús para cada uno de nosotr@s), por entender que lo correcto es saber primero lo que es Jesús en sí mismo, para que nos enteremos de lo que debería ser para cada uno de nosotr@s después.
¡Porque veréis lo que os quiero decir!...
Sucede en ocasiones, que para referirnos al ser de Cristo y para superar formulaciones teológicas que no entendemos (no digo que pese a ello no seamos capaces de con ellas elaborar), tendemos a facilitar excesivamente nuestro lenguaje con el resultado de llegar en cuanto afirmamos a interpretaciones no tanto restrictivas –que todas lo son- cuanto que incorrectas -y por no decir inveraces- de la realidad.
Sin ser historiadora, considero los argumentos del Sr. Pagola lo suficientemente contrastados, pero no estoy de acuerdo con la interpretación que de los hechos hace, ni con la argumentación de fondo que le lleva a su selección.
Jesús no es un profeta a la manera de los profetas clásicos, pese a que la Palabra de Dios hablase por sus palabras. Tampoco es un taumaturgo, pese a que mediante sus obras se manifieste actuando el poder del Espíritu de Dios. Ni siquiera hablamos de un ser humano excepcional.
Como diría Lewis en Mero Cristianismo, Cristo únicamente podía ser un loco, o Dios, porque –argumenta él- ¿os imagináis a un hombre en sus cabales que dijera “Si alguien quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”?...
El Cristo es la manifestación de Dios (es decir, El Hijo) manifestándose con las palabras y actuando a través de las obras del ser humano Jesús de Nazaret.
Su naturaleza humana tendría que empezar por comprender la voluntad de Dios para hacerla suya y poder comunicarla, y en ese contexto han de situarse los distintos acontecimientos que tanto el Magisterio de la Iglesia como la investigación científica consideren suficientemente contrastados, pero quiero ahora hacer hincapié en que Cristo –cuando lo hacía- no se retiraba para discurrir, sino para discurriendo tratar de discernir, la voluntad de Dios.
Eso en cuanto a la transmisión que Jesús de Nazaret hace de la Palabra de Dios, pero lo mismo podríamos decir de “lo taumatúrgico” de sus actos, una actuación que comienza inmediatamente después de su bautismo.
Con el Bautismo del Jordán son dos cosas las que acontecen:
o En primer lugar, la naturaleza humana de Jesús de Nazaret es elevada, de modo que alcanza a comunicarse con y a poder ser actuada por el Ser Trinitario,
o Y en segundo lugar, una Teofanía –una manifestación sensible y directa de Dios- que nos hace si no comprensible si manifiesta, tal eventualidad.
Que Jesús de Nazaret era el Cristo se puso de manifiesto con aquella intervención, y fue después de este suceso cuando empezó a manifestarse a través de sus obras actuando, el poder del Espíritu de Dios (el Espíritu Santo).
Pero Jesús de Nazaret sabía muy bien quien era.
No olvidemos que Él estaba allí, como también lo estuvo en el episodio de la Transfiguración así como cuando le permitió introducir sus dedos a Tomás en la llaga de su cuerpo glorioso (por cierto, echo de menos la interpretación de estos hechos en el libro de Pagola; es más, considero que no tienen cabida).
Lejos de mi intención minusvalorar el esfuerzo del Sr. Pagola por entender y facilitar la comprensión de la figura de Jesús de Nazaret, pero –como él preconiza en el epílogo de su libro- con mi comentario no he hecho sino exponer lo que “para mí” es, manifestando al mismo tiempo la necesidad de que lo que hemos de interiorizar no es lo que a nosotros nos parece, sino lo que realmente Cristo es.
Realmente estamos ante un libro amable y concienzudo, pero lo que yo mantengo es que Jesús no es el profeta del Reino de Dios, sino quien realmente hace posible su tendencia a él mediado el conocimiento, precisamente porque en el mismo se participa a través de la voluntaria y común-unión con Él
En resumidas cuentas, es el Espíritu Santo actuando a través de Cristo, que actúa motivado y animado por Él, quien hace realidad el Reino de Dios, y somos nosotros participando de la humanidad de Cristo y por participar también de su gracia creada, quienes estamos en condiciones de participar y de hecho participamos, del Reino de Dios.
Esta realidad no depende de cómo la concibamos, sino que es así, como también pienso que es así el hecho de que para participar en el Reino de Dios no haya categorías, puesto que ante Dios todos somos menesteros@s. Nos dicen las Bienaventuranzas en cambio, que “sólo los limpios de corazón verán a Dios”.
Pues bien. A la vista de la gran cantidad de datos que barajamos y que realmente poco o nada aportan al contenido de nuestra fe, tal vez sea ahora un buen momento para preguntarnos con G. Eliot ¿dónde está la sabiduría que –en ocasiones- perdemos con el conocimiento?
Bueno.
Hasta aquí llega mi intervención. Tal vez vosotros tengáis ahora algo que decir.
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Aconteció, pues, la intersección de dos “personas” en el Cristo, siendo una de ellas (la del Hijo) el sujeto subsistente de tal unión.
Quiere esto decir, que sobre la naturaleza humana del Cristo “imperaba” su naturaleza divina (del mismo modo que sobre la naturaleza animal de un ser humano prima su naturaleza espiritual) siendo que
o la forma de actuar divina (el Espíritu Santo) inheriendo sobre la forma de actuar del ser humano Jesús, transformaba su forma de ser y de actuar de tal modo que era capaz
o no sólo de llegar a “intersectarse” con el ser de Dios,
o sino de hacerlo también con otros individuos de su misma especie transformando la forma de ser y de actuar de estos seres con el poder del Espíritu de Dios
Era el Espíritu de Dios quien se manifestaba y actuaba a través de su humanidad, y era a través de los efectos transeúntes de sus actos como la humanidad se veía divinizada supuesta siempre una correcta actuación.
Me ha parecido conveniente introducir esta exposición doctrinal a modo de personal respuesta a lo que nos sugiere el Sr. Pagola en el epílogo de su libro (nos conmina a preguntarnos en nuestra intimidad y sin intermediarios quién o qué es Jesús para cada uno de nosotr@s), por entender que lo correcto es saber primero lo que es Jesús en sí mismo, para que nos enteremos de lo que debería ser para cada uno de nosotr@s después.
¡Porque veréis lo que os quiero decir!...
Sucede en ocasiones, que para referirnos al ser de Cristo y para superar formulaciones teológicas que no entendemos (no digo que pese a ello no seamos capaces de con ellas elaborar), tendemos a facilitar excesivamente nuestro lenguaje con el resultado de llegar en cuanto afirmamos a interpretaciones no tanto restrictivas –que todas lo son- cuanto que incorrectas -y por no decir inveraces- de la realidad.
Sin ser historiadora, considero los argumentos del Sr. Pagola lo suficientemente contrastados, pero no estoy de acuerdo con la interpretación que de los hechos hace, ni con la argumentación de fondo que le lleva a su selección.
Jesús no es un profeta a la manera de los profetas clásicos, pese a que la Palabra de Dios hablase por sus palabras. Tampoco es un taumaturgo, pese a que mediante sus obras se manifieste actuando el poder del Espíritu de Dios. Ni siquiera hablamos de un ser humano excepcional.
Como diría Lewis en Mero Cristianismo, Cristo únicamente podía ser un loco, o Dios, porque –argumenta él- ¿os imagináis a un hombre en sus cabales que dijera “Si alguien quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”?...
El Cristo es la manifestación de Dios (es decir, El Hijo) manifestándose con las palabras y actuando a través de las obras del ser humano Jesús de Nazaret.
Su naturaleza humana tendría que empezar por comprender la voluntad de Dios para hacerla suya y poder comunicarla, y en ese contexto han de situarse los distintos acontecimientos que tanto el Magisterio de la Iglesia como la investigación científica consideren suficientemente contrastados, pero quiero ahora hacer hincapié en que Cristo –cuando lo hacía- no se retiraba para discurrir, sino para discurriendo tratar de discernir, la voluntad de Dios.
Eso en cuanto a la transmisión que Jesús de Nazaret hace de la Palabra de Dios, pero lo mismo podríamos decir de “lo taumatúrgico” de sus actos, una actuación que comienza inmediatamente después de su bautismo.
Con el Bautismo del Jordán son dos cosas las que acontecen:
o En primer lugar, la naturaleza humana de Jesús de Nazaret es elevada, de modo que alcanza a comunicarse con y a poder ser actuada por el Ser Trinitario,
o Y en segundo lugar, una Teofanía –una manifestación sensible y directa de Dios- que nos hace si no comprensible si manifiesta, tal eventualidad.
Que Jesús de Nazaret era el Cristo se puso de manifiesto con aquella intervención, y fue después de este suceso cuando empezó a manifestarse a través de sus obras actuando, el poder del Espíritu de Dios (el Espíritu Santo).
Pero Jesús de Nazaret sabía muy bien quien era.
No olvidemos que Él estaba allí, como también lo estuvo en el episodio de la Transfiguración así como cuando le permitió introducir sus dedos a Tomás en la llaga de su cuerpo glorioso (por cierto, echo de menos la interpretación de estos hechos en el libro de Pagola; es más, considero que no tienen cabida).
Lejos de mi intención minusvalorar el esfuerzo del Sr. Pagola por entender y facilitar la comprensión de la figura de Jesús de Nazaret, pero –como él preconiza en el epílogo de su libro- con mi comentario no he hecho sino exponer lo que “para mí” es, manifestando al mismo tiempo la necesidad de que lo que hemos de interiorizar no es lo que a nosotros nos parece, sino lo que realmente Cristo es.
Realmente estamos ante un libro amable y concienzudo, pero lo que yo mantengo es que Jesús no es el profeta del Reino de Dios, sino quien realmente hace posible su tendencia a él mediado el conocimiento, precisamente porque en el mismo se participa a través de la voluntaria y común-unión con Él
En resumidas cuentas, es el Espíritu Santo actuando a través de Cristo, que actúa motivado y animado por Él, quien hace realidad el Reino de Dios, y somos nosotros participando de la humanidad de Cristo y por participar también de su gracia creada, quienes estamos en condiciones de participar y de hecho participamos, del Reino de Dios.
Esta realidad no depende de cómo la concibamos, sino que es así, como también pienso que es así el hecho de que para participar en el Reino de Dios no haya categorías, puesto que ante Dios todos somos menesteros@s. Nos dicen las Bienaventuranzas en cambio, que “sólo los limpios de corazón verán a Dios”.
Pues bien. A la vista de la gran cantidad de datos que barajamos y que realmente poco o nada aportan al contenido de nuestra fe, tal vez sea ahora un buen momento para preguntarnos con G. Eliot ¿dónde está la sabiduría que –en ocasiones- perdemos con el conocimiento?
Bueno.
Hasta aquí llega mi intervención. Tal vez vosotros tengáis ahora algo que decir.
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artículos de opinión
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Síndrome postvacacional
Os quiero dar la bienvenida a tod@s de vuelta, esperando que como yo, hayáis disfrutado de unas felices vacaciones.
Lamentablemente, en mi caso las vacaciones se están concatenando con un breve periodo de baja que me tiene bastante entretenida.
Confío en poder retomar el ritmo normal de publicación estos días, y escribir varios artículos que tenía en mente, pero por el momento, aprovechando mi debilidad las musas me han abandonado y no me veo con fuerzas.
¿Podréis perdonarme un poco más?
¿Querrá algun@ aportar unas líneas de vuelta de vacaciones?
Bueno, bien venid@s de vuelta; os he echado de menos, y estáis en vuestra casa.
Dorota
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Lamentablemente, en mi caso las vacaciones se están concatenando con un breve periodo de baja que me tiene bastante entretenida.
Confío en poder retomar el ritmo normal de publicación estos días, y escribir varios artículos que tenía en mente, pero por el momento, aprovechando mi debilidad las musas me han abandonado y no me veo con fuerzas.
¿Podréis perdonarme un poco más?
¿Querrá algun@ aportar unas líneas de vuelta de vacaciones?
Bueno, bien venid@s de vuelta; os he echado de menos, y estáis en vuestra casa.
Dorota
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miércoles, 6 de agosto de 2008
VACACIONES DE VERANO
Desde hoy y hasta el día 1 de Septiembre, comienzan mis vacaciones.
Creía que -como el año pasado- iba a poder mantener el blog en condiciones, pero en este ocasión las distintas actividades y destinos no me lo van a permitir.
De todos modos, os dejo con J.M. Pagola, y os prometo que de vez en cuando me meteré por él por si hubieráis colgado alguna intervención.
Que todos aprovechemos muy bien este tiempo de descanso, y que no nos olvidemos de elevar nuestra acción de gracias a Dios.
¡Hasta muy pronto, y con un cordial saludo, me despido!
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Creía que -como el año pasado- iba a poder mantener el blog en condiciones, pero en este ocasión las distintas actividades y destinos no me lo van a permitir.
De todos modos, os dejo con J.M. Pagola, y os prometo que de vez en cuando me meteré por él por si hubieráis colgado alguna intervención.
Que todos aprovechemos muy bien este tiempo de descanso, y que no nos olvidemos de elevar nuestra acción de gracias a Dios.
¡Hasta muy pronto, y con un cordial saludo, me despido!
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sábado, 2 de agosto de 2008
TODOS COMIERON Y QUEDARON SACIADOS
En su intervención de hoy y al comentar la liturgia del domingo -XVIII del tiempo ordinario- el predicador del Papa nos habla del picnic más feliz de la historia en los siguientes términos (por cierto, que las lecturas correspondientes son las de Isaías 55, 1-3; Romanos 8,35.37-3; y Mateo 14, 13-21):
““Un día Jesús se había retirado en un lugar solitario, en la orilla del mar de Galilea. Pero cuando se disponía a desembarcar, encontró una gran multitud que le esperaba. "Sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos". Los habló del Reino de Dios. Ahora bien, mientras tanto se hizo de noche. Los apóstoles le sugirieron que despidiera a la muchedumbre, para que pudieran encontrar algo para comer en los pueblos cercanos. Pero Jesús les dejó de piedra, diciéndoles en alto para que todos escucharan: "Dadles vosotros de comer". "No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces", le responden desconcertados. Jesús pide que se los lleven. Invita a todos a sentarse. Toma los cinco panes y los dos peces, reza, da gracias al Padre, después ordena distribuir todo a la multitud. "Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos". Eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños, dice el Evangelio. ¡Fue el picnic más feliz en la historia del mundo!
¿Qué nos dice este evangelio? En primer lugar, que Jesús se preocupa y "siente compasión" de todo el hombre, cuerpo y alma. A las almas les da la palabra, a los cuerpos la curación y la comida. Alguno podría decir: "Entonces, ¿por qué no lo hace también hoy? ¿Por qué no multiplica el pan entre tantos millones de hambrientos que hay sobre la tierra?". El evangelio de la multiplicación de los panes ofrece un detalle que nos puede ayudar a encontrar la respuesta. Jesús no sonó los dedos para que apareciera, como por arte de magia, pan y pescado para todos. Preguntó qué tenían; invitó a compartir lo poco que tenían: cinco panes y dos peces.
Hoy hace lo mismo. Pide que pongamos en común los recursos de la tierra. Sabemos perfectamente que, al menos desde el punto de vista alimenticio, nuestra tierra sería capaz de dar de comer a varios miles de millones de personas más de los actuales. Pero, ¿cómo podemos acusar a Dios de no dar pan suficiente para todos, cuando cada día destruimos millones de toneladas de alimentos que llamamos "excedentes" para que no bajen los precios? Mejor distribución, mayor solidaridad y capacidad para compartir: la solución está aquí.
Lo sé, no es tan fácil. Se da la manía de los armamentos, hay gobernantes irresponsables que contribuyen a mantener a muchas poblaciones en el hambre. Pero una parte de la responsabilidad recae también en los países ricos. Nosotros somos ahora esa persona anónima (un muchacho, según uno de los evangelistas) que tiene cinco panes y dos peces; sólo que los tenemos muy bien guardados y tenemos cuidado para nos entregarlos no vaya a ser que se repartan entre todos.
La manera en que se describe la multiplicación de los panes y de los peces ("levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente") siempre ha recordado la multiplicación de ese otro pan que es el cuerpo de Cristo. Por este motivo, las representaciones más antiguas de la Eucaristía nos muestran un cesto con cinco panes y, al lado, dos peces, como el mosaico descubierto en Tabga, en Palestina, en la iglesia construida en el lugar de la multiplicación de los panes, o en el famoso fresco de las catacumbas de Priscila en Roma.
En el fondo, lo que estamos haciendo en este momento también es una multiplicación de los panes: el pan de la Palabra de Dios. Yo he roto el pan de la Palabra e Internet ha multiplicado mis palabras de manera que más de cinco mil hombres, también en esta ocasión, han comido y han quedado saciados. Queda una tarea: recoger "los trozos sobrantes", hacer llegar la palabra también a quien no ha participado en el banquete. Convertirse en "repetidores" y testigos del mensaje.””
Creo que el P. Cantalamessa nos está invitando a que convoquemos nuevos picnics, ¿no lo creéis vosotros así?
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““Un día Jesús se había retirado en un lugar solitario, en la orilla del mar de Galilea. Pero cuando se disponía a desembarcar, encontró una gran multitud que le esperaba. "Sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos". Los habló del Reino de Dios. Ahora bien, mientras tanto se hizo de noche. Los apóstoles le sugirieron que despidiera a la muchedumbre, para que pudieran encontrar algo para comer en los pueblos cercanos. Pero Jesús les dejó de piedra, diciéndoles en alto para que todos escucharan: "Dadles vosotros de comer". "No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces", le responden desconcertados. Jesús pide que se los lleven. Invita a todos a sentarse. Toma los cinco panes y los dos peces, reza, da gracias al Padre, después ordena distribuir todo a la multitud. "Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos". Eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños, dice el Evangelio. ¡Fue el picnic más feliz en la historia del mundo!
¿Qué nos dice este evangelio? En primer lugar, que Jesús se preocupa y "siente compasión" de todo el hombre, cuerpo y alma. A las almas les da la palabra, a los cuerpos la curación y la comida. Alguno podría decir: "Entonces, ¿por qué no lo hace también hoy? ¿Por qué no multiplica el pan entre tantos millones de hambrientos que hay sobre la tierra?". El evangelio de la multiplicación de los panes ofrece un detalle que nos puede ayudar a encontrar la respuesta. Jesús no sonó los dedos para que apareciera, como por arte de magia, pan y pescado para todos. Preguntó qué tenían; invitó a compartir lo poco que tenían: cinco panes y dos peces.
Hoy hace lo mismo. Pide que pongamos en común los recursos de la tierra. Sabemos perfectamente que, al menos desde el punto de vista alimenticio, nuestra tierra sería capaz de dar de comer a varios miles de millones de personas más de los actuales. Pero, ¿cómo podemos acusar a Dios de no dar pan suficiente para todos, cuando cada día destruimos millones de toneladas de alimentos que llamamos "excedentes" para que no bajen los precios? Mejor distribución, mayor solidaridad y capacidad para compartir: la solución está aquí.
Lo sé, no es tan fácil. Se da la manía de los armamentos, hay gobernantes irresponsables que contribuyen a mantener a muchas poblaciones en el hambre. Pero una parte de la responsabilidad recae también en los países ricos. Nosotros somos ahora esa persona anónima (un muchacho, según uno de los evangelistas) que tiene cinco panes y dos peces; sólo que los tenemos muy bien guardados y tenemos cuidado para nos entregarlos no vaya a ser que se repartan entre todos.
La manera en que se describe la multiplicación de los panes y de los peces ("levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente") siempre ha recordado la multiplicación de ese otro pan que es el cuerpo de Cristo. Por este motivo, las representaciones más antiguas de la Eucaristía nos muestran un cesto con cinco panes y, al lado, dos peces, como el mosaico descubierto en Tabga, en Palestina, en la iglesia construida en el lugar de la multiplicación de los panes, o en el famoso fresco de las catacumbas de Priscila en Roma.
En el fondo, lo que estamos haciendo en este momento también es una multiplicación de los panes: el pan de la Palabra de Dios. Yo he roto el pan de la Palabra e Internet ha multiplicado mis palabras de manera que más de cinco mil hombres, también en esta ocasión, han comido y han quedado saciados. Queda una tarea: recoger "los trozos sobrantes", hacer llegar la palabra también a quien no ha participado en el banquete. Convertirse en "repetidores" y testigos del mensaje.””
Creo que el P. Cantalamessa nos está invitando a que convoquemos nuevos picnics, ¿no lo creéis vosotros así?
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